Etiquetas

lunes, 20 de junio de 2016

Capítulos 24, 25, 26

Capítulo 24

Jake e Ishtral se enzarzan en una pelea sin sentido. Una tormenta de patadas, puñetazos, insultos. Jake recibe más que da puesto que Ishtral, al ser soldado, sabe pelear. Yo les grito que paren, que es una tontería. Me estoy cansando de la rivalidad y hostilidad existente entre ellos dos.
Caen al suelo e Ishtral se coloca sobre Jake propinándole un puñetazo que le hace escupir sangre. Luego cambian las tornas porque, a pesar de que el sargento Blood pelea mejor, mi amigo tiene más fuerza. Ahora es Jake quien asesta un codazo en la boca del estómago de su rival. Dejo de gritar y me quedo embobada mirando los charcos de ese líquido rojizo que desprende un olor metálico. En mi cabeza oigo la risa estridente de la anciana que se convierte en araña. Mi herida se agranda unos milímetros, caigo de rodillas y me llevo la mano al cuello. Ellos no se dan cuenta de nada y yo me siento cada vez menos dueña de mí misma. Hay un impulso animal que me incita a entrar en esa pelea. A propinarles a los dos un buen rodillazo. A hacerles sangrar. Mis ojos empiezan a tornarse anaranjados y una sonrisa perturbadora nace en mis labios. Una parte de mí está asustada por las ganas que tengo de matar en ese momento a los dos rivales. La otra está disfrutando. ¿Qué me pasa?
Con una mano apretando los arañazos que marcan mi cuello y clavícula me levanto lentamente. Justo cuando voy a dar el primer paso hacia ellos, llega Kitz tan rápido que ni lo veo, se mete entre ellos y, de un solo movimiento, los lanza a los dos por los aires. No sé cómo lo ha hecho. En cuanto cesa la pelea, ese instinto asesino desaparece y la risa de la anciana, se desvanece. Caigo al suelo, sudando y agotada. Aterrada.
Kitz me mira de reojo aunque pronto centra su atención en los dos hombres.
-Yo que vosotros no malgastaría energía peleando, la vais a necesitar para salir de este bosque y sobrevivir en Pryon.
Lo único que recibe por respuesta es un gruñido de Jake y el silencio de Ishtral.
Ambos tienen las camisas manchadas de sangre y sudor. Al sargento le sangra la nariz y a mi amigo, el labio, creo que lo tiene partido.
Los dos entran en la casa, llenos de moratones y sin mirarse, para curar sus heridas. Cuando yo voy a encaminarme hacia la casa, oigo a Kitz a mi espalda.
-¿Y cómo estás tú, querida? -un destello perspicaz cruza su mirada. Me giro sobresaltada y le contesto dubitativa, aún temblando por el episodio vivido.
-Yo... esto, bien. Yo no he peleado. Estoy bien.
-No has atacado, pero querías, ¿no es así?
Abro bastante los ojos por la sorpresa de que aquel hombrecillo supiera lo que había sentido.
-¿Cómo lo...?
-¿Cómo lo sé? No es la primera vez que veo unos arañazos como los que surcan tu cuello y clavícula.
Me llevo la mano a las heridas, a la defensiva.
-Me caí y me clavé una valla metálica. Se me ha infectado.
-He sido yo quien ha curado las contusiones que te hicieron las lianas y he visto las marcas. Es inútil mentirme, querida, soy muy viejo y tengo demasiada experiencia.
Me giro decidida a entrar en la casa. No quiero oír nada más. Quizá por miedo a descubrir qué me pasa. No he acabado de dar el primer paso cuando una especie de sombra negra, una imagen sin determinar pasa a mi lado y se pone frente a mí. Cuando para veo que es Kitz. ¿Cómo se ha movido tan rápido?, ¿tanto que ni lo he visto?
-¿Cómo has...?
Kitz sonríe amargamente y se levanta la gruesa tela que le sirve de camiseta dejando a la vista tres enormes marcas que cruzan su abdomen. Tres arañazos negros que parecen tener vida propia. Tres heridas como las que están grabadas en mi cuello.
-Te he dicho que no es la primera vez que veo esos arañazos.
Se gira y con una velocidad sobrehumana llega a la puerta. Ha sido más rápido que un simple parpadeo. Increíble.

Capítulo 25

Una vez dentro, Rothian está envuelta en vendas y muy seria. Ishtral y Jake, están sentados, dándose la espalda y Kitz me mira fijamente cuando entro. Sabe que quiero preguntarle varias cosas y me hace un gesto con la mano para indicarme que ahora no, que espere.
Nuestro anfitrión saca un pedazo de tela envejecida: un mapa de Pryon. Con él nos indica a los cuatro el camino que debemos seguir hasta llegar a la capital de Pryon llamada así: La Capital.
Tras ésto, decidimos que pasaremos la noche en casa de Kitz pero que, a la mañana siguiente, al amanecer, reemprenderemos la marcha.
Mientras el sargento se queda haciendo compañía a la convaleciente princesa y Kitz va a preparar algo para comer, Jake me llama para hablar a solas. Salimos de la casa.
-¿Qué quieres, Jake? -digo cortante.
-Estás enfadada, lo suponía.
-No, no lo estoy, estoy muy feliz, ¿no me ves? -imprimo sarcasmo a mis palabras poniendo una sonrisa exageradamente amplia.
-Yo... lo siento, no sé que me ha pasado. Bueno, sí que lo sé. Es ese sargento. No lo soporto.
-Jake, ¿no puedes intentar llevarte mejor con él? No sabemos cuánto tiempo vamos a estar aquí ni a qué nos enfrentamos. No te conviene tener más enemigos de los que ya vas a tener.
-¿Qué te pasa Lyx? Cuando estás con él no pareces tú. No eres tan distante. ¿Acaso tú y él...?
-Jake, te lo digo porque te quiero, deja de hacer suposiciones sin sentido y céntrate.
-Ojalá eso fuera verdad.
-¿El qué?
-Que me quieres.
Cuando dice ésto, me coge de la cintura y me besa agarrándome las manos para evitar cualquier tipo de resistencia. Siento su lengua pasear en mi boca y he de reconocer que no me gusta nada. Él es mi amigo y no puedo evitar que ese tipo de comportamiento me decepcione. Cuando separa su boca de la mía cierra un poco los ojos esperando una bofetada por mi parte pero no hago nada. Me quedo mirándolo, con los labios húmedos, mis manos aún apresadas por las suyas y una expresión que lo dice todo: no he sentido absolutamente nada.
Jake me mira fijamente.
-Lo siento. Necesitaba hacerlo.
-Lo sé.
Lo que ni él ni yo sabemos es que Ishtral nos ha estado observando todo el rato desde una ventana.
Entramos juntos en la casa y decidimos fingir que nada ha pasado, no queremos que los demás lo sepan. Al entrar, oigo la voz de Rothian hablando con Kitz. No entiendo lo que dicen.
Por otro lado, Ishtral está mirándome y, a la luz de las velas que adornan toda la sala, sus ojos de oro casi deslumbran. Jake lo mira con una expresión que es una mezcla de odio y envidia.
Mi amigo entra en la cocina y se queda hablando con Rothian. Kitz corretea por la casa buscando unas especias que le hacen falta y que no recuerda dónde ha puesto. Me siento al lado de Ishtral.
-Deja de provocar a Jake. Te mereces que te haya dejado la cara así.
-No tengo la culpa de que sea un celoso obsesivo.
-Él no tiene la culpa de sentir lo que siente ni de que tú te diviertas jugando conmigo para molestarle.
-¿Quién te ha dicho que yo estaba jugando?
Esa respuesta me pilla por sorpresa. Me veo reflejada en sus ojos de metal pero me niego a caer en esa trampa.
-Lo que tú digas, Ishtral. No vuelvas a hacer nada del estilo y trata de llevarte mejor con Jake. Él es muy importante para mí.
-¿Muy importante?, ¿más que nadie?
-Es quien mejor me conoce y no quiero perderle por nada ni por nadie. Además, tu tampoco lo soportas, ¿por qué?
-No has contestado a mi pregunta.
-Ni tú a la mía.
En ese momento nuestro anfitrión nos avisa para cenar. “Gracias, Kitz” pienso aliviada al romperse la tensión que se había impuesto entre nosotros.
Ya están sentados Rothian y Jake cuando los demás nos sentamos. Comemos en silencio, cabizbajos, demasiado preocupados por lo que ya ha ocurrido y por lo que aún puede pasar. El único al que parece no importarle la atmósfera densa que predomina es a Kitz que no para de hablar. Muchas veces dice cosas sin sentido intentando amenizar la velada aunque sin éxito. Cuando sirve algunos frutos de postre, Rothian habla por primera vez en toda la cena.
-Me quedo con Kitz.
Casi me atraganto. ¿Cómo que se queda?
-¿Qué dice, princesa? La necesitamos con nosotros, usted es la clave para mejorar las relaciones entre Arala y Pryon -dice un tanto nervioso Ishtral.
-Deja de hablarme con tanto respeto, por favor. No soy vuestra princesa, sino vuestra amiga.
-Rothian, recapacita. No puedes quedarte -secundo al sargento intentando que mi amiga sepa que la necesitamos.
-Dejadme terminar. Me quedo aquí para recuperarme de las heridas. Seré un lastre puesto que me cuesta moverme. Sería un blanco fácil. Cuando vuelva a estar en forma, os buscaré. Sé que camino vais a seguir.
-Pero, ¿y si no nos encuentras? -sigue Jake
-Lo haré, además, si me pierdo, lo único que he de hacer es seguir el sonido de las broncas entre el sargento y tú.
Kitz y yo reímos un poco por lo bajo aunque a los jóvenes, les hace menos gracia.
-Vale, Rothian. No nos separaremos del camino señalado para que nos encuentres. Te lo prometo.
-¡Lyx! ¿quieres decir que no te importa que se quede sola?
-No va a estar sola, Jake, estará con Kitz y confío en él. Mañana temprano nos iremos y cuando pueda, Rothian se unirá a nosotros.
Pasamos unos minutos más discutiendo la decisión de la princesa pero ella está decidida: se queda.
Todos nos acostamos. Cuando siento que todos están dormidos, me levanto y salgo fuera de la casa. Un segundo después oigo la puerta: Kitz.
-Supongo que tendrás preguntas sobre tus arañazos, querida, déjame oírlas.
-¿Qué son?, ¿Por qué duelen tanto?
-¿Qué son? Muy fácil, son simples arañazos, eso es lo que me repito día a día porque, si te soy sincero, no sé qué son en realidad. Lo único que sé es que necesitas aprender a controlar lo que te va a suceder, lo que te está empezando a pasar ya. Por eso duelen tanto, porque están vivos y crecen.
-Explícate -digo con voz firme.
-Esas ganas de matar, de mancharte las manos de sangre son provocadas por los arañazos. Tienen hambre. Y esa voz que oyes en tu cabeza o algo que te persigue pero que sabes que no está ahí, es una alucinación hecha por tus heridas. Querida Lyx, vas a tener que controlarte porque ahora solo sientes el impulso, dentro de poco no podrás aguantar y matarás. Yo me negaba a creer lo que me estaba pasando hasta que...
-¿Hasta qué? -pregunto sin estar segura de si quiero saber la respuesta.
-Hasta que maté a mi hermana. Imagino que ambos nos hicimos estas marcas del mismo modo.
-En la zona sur de Arala, siguiendo el cauce del río -contesto.
Él sonríe tristemente. Nos lo habíamos hecho de la misma horrible manera.
-Cuando volví en mí y vi a mi hermana entre mis manos sangrando por el cuello, supe que había sido yo. Huí de Arala y llegué aquí. Me escondí entre ratas y plantas carnívoras deseando una muerte que nunca llegaba pues las lianas no se atrevían a tocarme, temían mis heridas.
-Entonces, cuando contaste que emigrasteis aquí por trabajo...
-Mentí. Poco a poco fui desarrollando capacidades que antes no tenía. Mi velocidad era anormal y mi fuerza, sobrehumana. Imagino que eso te sucederá a ti también
-Tengo miedo, Kitz.
-Lo sé querida y créeme, tienes motivos para tenerlo.

Capítulo 26

En ese momento, en una pequeña sala construida en los túneles que hay bajo el castillo de Pryon, el Rey se reúne con uno de sus espías.
-¿Me ha hecho llamar, mi Rey?
-Algunos aldeanos que viven cerca de la frontera de Pryon con el Bosque Muerto, vieron hace varias noches algo caer del cielo, eran cuatro objetos sin identificar. Imagino que serán espías aralios en respuesta a nuestros ataques.
-¿Y qué quiere de mí, mi Rey?
-Quiero que viajes al pueblo más cercano al Bosque Muerto e investigues. Los aralios no son muy difíciles de descubrir, suelen tener rasgos fuera de lo común. Son unos seres extraños y peligrosos.
-Deduzco entonces que quiere que los mate cuando los encuentre, ¿no es así?
-Todo lo contrario, quiero que les ayudes en su empresa, que facilites el camino hasta mí. Intentarán matarme y así todos los pryoranos verán la amenaza flotante que representa Arala y será mucho más fácil comenzar una guerra con el pueblo a favor. Por supuesto, me irás informando de todo cuanto veas y oigas para que esté preparado para cuando quieran venir a por mí. Necesito que te ganes su confianza Flair. ¿Serás capaz?
-Haré todo lo que usted ordene, mi Rey.

Así, un hombre, Flair, sale hacia un pequeño pueblo muy cercano al Bosque Muerto donde deberá encontrar a los aralios infiltrados.

Safe Creative #1510265626161

jueves, 16 de junio de 2016

Capítulos 21, 22 y 23


Capítulo 21

Despierto en una cama tan pequeña que se me salen los pies y eso que no soy especialmente alta. Estoy arropada por una manta verde, de lana. Una luz cálida envuelve la sala. Las paredes son de piedra y no hay ventanas. El suelo es de tierra y el ambiente, aunque no es frío, sí que es húmedo. Cierro los ojos y de repente, recuerdo de golpe todo lo vivido con las enredaderas asesinas y las ratas caníbales. Me levanto a toda prisa y me mareo perdiendo levemente la visión momentáneamente. No me doy en la cabeza con el techo por pocos centímetros.
Miro a mi derecha y veo dos camas más en las que reposan, justo a mi lado, Ishtral y pegado a la pared, Jake. Éste último está atado a la cama.
A mi izquierda está Rothian, toda ella envuelta en pulcras vendas que se tiñen en algunas partes del rojo de la sangre de mi amiga.
Con ternura me levanto, agachada por la poca altura de la casa, y beso su frente. Me da pena ver así a la preciosa princesa, tan viva y decidida como es, postrada en la cama y malherida.
En ese momento oigo la puerta e instintivamente llevo la mano al cinturón donde guardo (o mejor dicho creía que guardaba) la daga, aunque no está allí.
-Querida, tu puñal está clavado en el estómago de una de mis preciosas ratitas.
La voz aguda que había llenado la sala provenía de un hombre diminuto, de unos treinta o cuarenta centímetros de alto. Traía una bandeja con cuatro vasos de agua demasiado pequeños y algunas píldoras, imagino que son calmantes para las mordeduras de Jake.
Tras darme un vaso a mí y dejar el resto en una pequeña mesa que había al fondo de la estancia, se va y lo oigo canturrear algo que reconozco a la perfección: es una canción infantil aralia. Eso podría significar que aquel extraño personaje era de mi país, cosa que explicaría su particular aspecto: las piernas mucho más largas que el resto de su cuerpo, la pequeña estatura, sus diminutos ojos rosáceos y su pelo de un azul muy pálido. Sí, no había duda, aquel hombre era aralio, pero, ¿qué hacía aquí?
Vuelve de nuevo con más material para tratar a la convaleciente Rothian y una especie de pomada que empieza a untar en las vendas limpias.
Me bebo el agua que me había ofrecido antes aquel hombre mientras observo cómo, con gran maestría, quita todos y cada uno de los vendajes que cubrían a mi amiga. Queda expuesto su cuerpo desnudo marcado por trozos de piel magullada y levantada. Él ni siquiera presta atención a la desnudez de Rothian y empieza a poner sobre su cuerpo esas tiras de tela empapadas en la extraña crema que traía preparada. El contacto de esa mezcla viscosa con su piel parece calmarla. Empiezo a relajarme: no parece que estemos en peligro. Al menos no por ahora.
Tras tratar a la princesa, el hombrecillo la arropa y repite el proceso con Jake aunque éste último está mucho mejor que Rothian.
Mientras cambia las vendas de Jake y yo estoy sentada al lado de mi amiga acariciándole el pelo y susurrándole que volverá a estar bien y tan bella como siempre oigo un carraspeo a mi espalda:
-Ejem... Esto... Querida, le agradecería mucho que le dijera a su compañero que en mi casa no permito armas de ningún tipo, que por favor baje la pistola.
Me giro y veo a Ishtral erguido y muy serio, desconcertado y dispuesto a hacer lo que sea por salvarnos. Me acerco a él y agarro su cintura. Da un respingo al sentir mi contacto pero no se retira. Estiro mi brazo hasta llegar a su mano y juntos bajamos el arma.
-¿Estás bien? -pregunta muy preocupado. Tiene un nudo en la garganta que yo quiero deshacer más que nada en el mundo. Odio verlo así, a él que siempre tiene la respuesta perfecta ahora ninguna palabra le parece útil.
-Muy bien. Tranquilo Ishtral, ya pasó.
Mi voz parece tranquilizarlo pues relaja sus hombros. Se gira repentinamente y me abraza fuertemente con un solo brazo enterrando su cabeza en mi cuello. Alzo los brazos y le rodeo la espalda. Cuando nos separamos, por un momento me veo reflejada en el metal que baña sus ojos y me pierdo en ellos. Él lo nota y acaricia mi cabello. Nos separamos al oír los gemidos de Jake y Rothian, que empiezan a despertarse.
Nuestro anfitrión observa a Rothian quien, a pesar de saberse desfigurada, alza el mentón orgullosa. Jake, que solo tiene magulladuras en la espalda y los brazos, está cabizbajo pues se siente culpable de las heridas de la princesa. Ishtral me mira de reojo, avergonzado por el episodio de debilidad vivido y soy yo la que comienza a hablar.
-¿Quién eres?
-Me llamo Kitz -su vocecilla aguda invade la sala y nos muestra una sonrisa sincera- ¿Y vosotros?
-Ella es Rothian. El hombre de pelo rojo es el sargento Blood y aquel es Jake. Yo me llamo Lyx.
-Encantado y bienvenidos a mi hogar.
-¿Por qué nos han atacado esas ratas?
-Oh bueno, los únicos seres vivos aparte de mí que han visto mis pequeñas han sido los soldados de Pryon, y cada vez que esos salvajes vienen acaban con varias de ellas. Imagino que estaban asustadas. Si hubiera llegado a tiempo no os habrían hecho nada...
Kitz me mira como disculpándose en silencio y decido cambiar de tema.
-¿Puedo preguntarte una cosa?
-Adelante, querida.
-¿Eres aralio?
Me mira fijamente y un destello de inteligencia cruza sus pupilas.
-Cada cosa a su tiempo, querida Lyx. Primero debéis cenar, recuperar fuerzas. Lleváis dos días durmiendo.

Capítulo 22

Ha pasado una semana desde la desaparición de la princesa, de la presa Lyx y del sargento Blood. El pueblo ignora ésto, solo un pequeño grupo de huérfanos conoce el paradero de los jóvenes y el fin de su cruzada.
Su Majestad, nerviosa y preocupada por su hija, hace llamar al mejor espía de Arala: Shadow.
-Majestad, ¿me ha mandado llamar?
-Sí, Shadow. Necesito de sus servicios.
-Haría cualquier cosa por usted, Majestad.
-Gracias por su lealtad y devoción. Estoy segura de que mi hija, deseosa de evitar una guerra inevitable pero demasiado inexperta e ilusa como para aceptarlo, ha liberado con ayuda del sargento Blood a la presa llamada Lyx. Juntos habrán bajado a Pryon, país responsable de los recientes atentados. Os pido que vayáis tras ellos, que le sigáis la pista y que, si los encontráis, traigáis a mi hija sana y salva.
-¿Y qué hago con los demás?
-Ojalá no se dé el caso pero si fuera necesario, déjelos atrás, son prescindibles.
-Sí, Majestad. Haré todo cuanto usted ha ordenado.
Así, esa misma noche, Shadow, una amenaza sigilosa y mortífera, desciende a Pryon preparada para buscar a la princesa Rothian. El brillo púrpura de sus ojos y una sonrisa asesina bailan en la noche.

Capítulo 23

-¿¡Dos días!? -Preguntamos todos prácticamente al unísono.
-En efecto. Tengo curiosidad por saber qué hacíais ahí arriba con esas plantas carnívoras.
-¿Plantas carnívoras? - pregunta Jake.
-Esas lianas que os intentaron estrangular. Lyx e Ishtral tendrán el cuello, el tronco y los brazos amoratados por la presión que ejercen. Trabajan así: primero atan a sus víctimas a los árboles y los van estrujando. Como una serpiente. Una vez inconscientes o incluso muertos por asfixia, se comen a su presa. Ésa es la razón de que no haya ningún ser vivo ahí fuera. Han muerto y los pocos que quedaron, huyeron. Por eso yo me escondo aquí con mis preciosas ratitas.
-¿Y dónde es aquí? -quiero saber.
-Pues aquí es aquí ergo no es allí. Yo estoy aquí, en esta silla, y tú allí, en esa cama, y aún así, ambos estamos aquí.
Ante la expresión de confusión de nuestras caras, Kitz suelta una risotada y deja los juegos de palabras.
-Estáis en mi casa, a varias decenas de metros bajo tierra. La superficie no es segura.
-De acuerdo, pero, ¿por qué quedarse aquí?, ¿por qué no irse a otro lugar más seguro? -Rothian habla lentamente, castigada por el dolor punzante.
-Porque este pantano, perdido en el corazón de un enorme bosque, es el único lugar seguro.
Sus ojos se tornaron más oscuros y tristes y se adueñó de la sala el silencio. Fue Ishtral quien decidió hablar.
-¿A qué te refieres con que éste es el único lugar seguro?
-Me refiero a que, por estas plantas carnívoras, éste es el único lugar de Pryon que el Rey no ha destrozado. Ese hombre es sanguinario, malvado. No le importa nadie en absoluto excepto él mismo. Ni siquiera su hijo, que es igual que su padre. Ha implantado un régimen de terror. La basura inunda las calles, los impuestos aumentan cada día, las gentes no tienen qué comer y muchos mueren de hambre. Nadie puede alzar la voz para decir algo que vaya en contra de la familia real o es apresado, torturado y ejecutado en público. Además, gracias a él se ha implantado en todos un profundo sentimiento de odio hacia el país vecino, Arala. Ha hecho creer a todos que la escasez de dinero, el hambre, las muertes... todo se debe a los aralios. No tiene sentido pero la gente desesperada cree cualquier cosa. Él lo sabe y se aprovecha.
-Y ese odio generalizado a los aralios también te obliga a esconderte aquí, ¿verdad Kitz? Tú también eres aralio. Tu pelo y ojos... No has nacido aquí en Pryon -añado.
Él me mira con su característica mirada sagaz y asiente.
-En efecto. Nací en Arala hace tantos años que ya he perdido la cuenta. Llevo vivo más de cien años, demasiados a pesar de lo que pueda aparentar.
-¿Y qué haces en Pryon? -es Jake quien formula la pregunta.
-Vaya, sois unos chicos muy curiosos -sonríe-. Me gusta. Voy a contaros algo que os va a costar creer pero que yo viví.
“Hace mucho, mucho tiempo, las relaciones entre Pryon y Arala eran excelentes. Había muchos Aralios aquí en Pryon y viceversa. Mi familia emigró a este país y desde entonces, sigo aquí. No obstante, cuando la Reina aralia de entonces murió, le sucedió su hijo en el trono. Era un hombre hipócrita y repugnante que no soportaba la idea de que su país estuviera contaminado por “sucios pryoranos”. Cada noche mandaba a sus secuaces a asesinar pequeños grupos de habitantes de Pryon que vivían en Arala. A la mañana siguiente, organizaba bellos funerales para todos y lloraba como si de verdad lo sintiera. La tragedia se sucedía cada noche y las ceremonias por los muertos presididas por el Rey, continuaban. Era un baile de máscaras continuo. Fue entonces cuando ya no se pudo aguantar más esa situación y un grupo de pryoranos, aún no se sabe cómo lo hicieron, se colaron en palacio y mataron al rey mientras dormía. Sinceramente, no sentí su muerte. Fue a partir de ese momento cuando las relaciones entre Arala y Pryon murieron. Cada uno volvió a su respectivo país y, a pesar de que se evitó la guerra, se estableció una paz armada y un profundo odio el uno hacia el otro.”
Todos callamos, nadie quiere creer lo que acabamos de oír. Rothian se abraza y tiembla. Las lágrimas bañan las vendas que cubren su nariz.
-Fuimos nosotros -dice en un susurro-. Nosotros provocamos esta situación... fue mi familia.
-Exacto, tu familia Rothian, no tú. Precisamente tú has viajado hasta aquí para entablar algún tipo de relación pacífica- le digo intentando consolarla.
-Estaba en lo cierto, eres la princesa Rothian. Esas pecas azules te delatan.
-Dirás lo que queda de ellas -dice ella amargamente.
Kitz la mira fijamente y se levanta dando un salto.
-Hora de cambiar las vendas. Los que no tengan cicatrices, que salgan- ordena nuestro pequeño hospedador.
Ishtral y yo salimos agachados de la habitación. Caminamos en silencio hasta la puerta de salida de la casa y la abro. Fuera hay una explanada subterránea alumbrada por decenas de pequeños faroles. Al fondo se ve una chimenea, una especie de conducto que lleva a la superficie custodiado por unas cien ratas. No sé donde estarán el resto de aquella marabunta de ratas y, si soy sincera, no me importa.
Estoy absorta en mis pensamientos hasta que Ishtral habla.
-Gracias.
-¿Por?
-Por salvarme de esas lianas. Aún así, la próxima vez, déjame. Fui una carga y si un soldado no sirve, se deja atrás.
Le miro muy seria y añado con acritud que ésto no es el ejército. Que no voy a abandonarlo nunca.
Él sonríe con esa media sonrisa que me encanta.
-¿Nunca? Eso es mucho tiempo. Te cansarás de mí antes.
-No me pongas a prueba, Bobo Real -él ríe cuando digo eso.
Comienzo a andar para ver cuán grande es aquel espacio excavado en la roca cuando Ishtral toma mi mano y me gira hacia él. Un leve rubor marca sus facciones perfectas.
-También siento...
-¿El qué?
-El abrazo -retira la mirada y sonrío. Alzo los brazos y le agarro las mejillas girando su cara hacia mí.
-Bueno, no pasa nada, un momento de debilidad lo tiene cualquiera. Además, te he salvado la vida, entiendo que no pudieras resistirte a mis encantos femeninos – me acerco y le planto un beso en la mejilla al frío y estoico sargento Blood.
-Ya, las palabras “Lyx” y “femenina” no encajan demasiado bien en la misma frase -dice, divertido por la situación, solo se relaja y deja ver su verdadero yo cuando estamos los dos solos. No sé por qué pero eso me gusta.
-¿Ah si? ¿a que llamo a una de esas plantitas para que te den un masaje?
Empiezo a correr y él viene tras de mí. Al final, cuando me atrapa, tropieza y me caigo sobre él.
-¿Qué intentas, Lyx?, pensaba que eras más tímida.
Al decir eso pone una expresión provocativa y me guiña el ojo. Yo, avergonzada, saco la lengua a modo de burla pero no me quito de encima. Nos reímos sinceramente por primera vez en meses. En ese momento sale Jake.
-¿Qué pasa aquí? -dice en un tono grave, amenazador.
Ishtral sonríe. Intento levantarme pero éste me atrae hacia sí y me abraza. La imagen ahora es de los dos en el suelo y yo, atrapada entre los brazos del sargento, que cubren mi boca para que no hable.
-Nada Jake, estamos perfectamente bien -lo mira con una expresión angelical.
Mi amigo aprieta los puños, se acerca a nosotros, coge mi brazo y me levanta de un tirón haciéndome daño. Suelto un pequeño grito. Ishtral se endereza rápidamente.
-Ten cuidado imbécil -dice el sargento muy serio
-No la toques- Jake está en tensión, preparado para atacar. Sé lo que va a pasar.


Safe Creative #1510265626161

lunes, 13 de junio de 2016

Capítulos 18, 19 y 20

Capítulo 18

Los cuatro estamos volando juntos. Escogemos un bosque de las afueras de Pryon para aterrizar. Un espeso banco de niebla coopera haciendo invisible nuestra presencia.
El lugar en el que nos encontramos no está demasiado lejos de la capital de Pryon, del rey y del asesino de Pete. Aún así, hay un largo camino por delante. A diferencia de Arala, Pryon es un país rico, grande y de los más poderosos.
El rey lo gobierna con mano dura, sin piedad. Las gentes le temen y obedecen sin rechistar. A pesar de la riqueza, es el país donde más hambre se pasa. Siempre en penumbra, como un eterno día nublado de invierno. Así es Pryon por estar Arala encima recibiendo los besos del sol. Es ahí donde radica la enemistad entre ambos países.
Nos quitamos las mochilas. Jake e Ishtral comienzan a cavar varios agujeros donde esconderlas puesto que son demasiado voluminosas como para llevarlas con nosotros, además, nos delatarían. Si se supiera que somos aralios, nadie querría darnos alojamiento ni cualquier tipo de ayuda. Los Pryoranos son así: desconfiados, oscuros, cínicos.
Una vez ocultas nuestras mochilas, trazamos un plan: en el primer pueblo al que llegáramos, robaríamos unas capas para esconder nuestros rasgos aralios. Con ésto, me refiero a las pecas azuladas de Rothian y al pelo color sangre y los ojos dorados de Ishtral. Jake y yo podríamos pasar por Pryoranos (aunque odie admitirlo). El cabello de Jake es del color del trigo y sus ojos grises, como la plata fundida. Por mi parte, mi pelo color café no llamaría la atención, aunque debería tener cuidado con mis ojos ya que, a pesar de ser de color miel, cuando me enfado adquieren tonos anaranjados.
En Pryon son todos copias, aburridas y monótonas. Sus árboles son marrones y verdes, los edificios, de piedra y adobe. Se mueven utilizando enormes carromatos tirados por exhaustos animales. Sus ropas están desgarradas y siempre son iguales. Sus ojos apenas brillan y su pelo, sucio y grasiento, es lacio y de los mismos colores para todos. Por todo ésto, los aralios son objeto de burla; para esconder la profunda envidia que siente uno de los países más poderosos de la pequeña Arala.
Emprendemos la marcha por el denso bosque, oscuro y resbaladizo. A mi lado va Ishtral, tan serio como siempre, con los hombros tensos y la cabeza alta. Por delante de nosotros va Rothian hablando con Jake. No oigo muy bien de qué hablan pero creo que ella le está explicando costumbres Pryoranas.
El sargento Blood y yo vamos en silencio, sin mirarnos. Simplemente sintiendo la presencia del otro.
El bosque va siendo cada vez más oscuro y espeso a medida que nos acercamos a su corazón. Un extraño olor ataca mis fosas nasales, como a humedad. Puede que nos estemos acercando a un pantano. Una de las rocas que piso es muy resbaladiza y casi caigo al suelo, es la mano de Ishtral la que impide mi caída.
Jake y Rothian miran hacia atrás, alarmados al oírme gritar. Les hago un gesto con la cabeza para hacerles saber que no ocurre nada, simplemente ha sido un traspiés.
Sin embargo, al ayudarme Ishtral me ha hecho hacer algunos movimientos más bruscos con la cabeza por lo que ahora los arañazos me arden en las venas del cuello y me siento un poco mareada. Me llevo la mano a las heridas, detalle que no escapa a Ishtral.
-¿Qué te pasa en el cuello?
-No es nada, no te preocupes
-Ya, claro, y yo me lo creo. Enséñamelo.
Jake y Rothian se habían adelantado un poco, lo justo para que oiga sus voces pero no los vea en este laberinto arbóreo.
-He dicho que no es nada. Déjame, Ishtral -intento que mi voz suene firme y, aunque lo consigo, él no se rinde.
-Lyx, te lo digo por última vez, déjame ver tu cuello.
-¿Qué quieres hacerle a una joven e inofensiva huérfana? -quiero que olvide mi cuello. Está empezando a resultar muy molesto y yo odio las molestias.
-Sinceramente, creo que eres la persona menos inofensiva que existe.
Al decir ésto, aprisiona una de mis muñecas con su mano derecha y la pone en mi espalda para inmovilizarme. Con la otra mano, desata el nudo de la blusa hasta dejar a la vista la carne del cuello, clavícula y hombros. Le veo abrir mucho los ojos durante una milésima de segundo para luego recuperar su máscara de impasibilidad.
-¿Cómo te has hecho esas heridas? No son del día del desfile puesto que cuando te curamos tenías magulladuras por todo el cuerpo pero no éstas. Además, son recientes.
-Me caí del tejado cuando buscaba a Luy y me arañé con una valla metálica -mi voz suena ronca.
-Lyx, esas heridas están negras -la preocupación que intenta disimular me pone nerviosa.
-Se habrá infectado.
-Lyx, ¿quieres que crea que tú, Reina de la zona sur de Arala, te has caído de un tejado? ¿Acaso no recuerdas que te perseguí? Te he visto correr y me cuesta mucho creer que te tropezaras y te cayeras con la mala suerte de arañarte el cuello con una valla metálica.
Siento la herida latir y una voz en mi mente que dice “es muy molesto, haz que se calle de una vez”
-Bueno, pues fue así.
-Lyx...
-Sargento Blood, he dicho que ocurrió así y punto. No voy a seguir hablando de un simple arañazo.
-Te dije que me llamaras Ishtral -su voz suena más enfadada y el oro de sus ojos relampaguea.
-Y yo te dije que dejaras el tema.
-De acuerdo, te caíste y te arañaste. Supongo que les pasa incluso a las mejores.
Aunque diga eso, sé que no me cree. Es demasiado inteligente como para creerse mis mentiras. Acaba de admitir eso para zanjar la discusión.
-Exacto, gracias Ishtral -mi voz suena burlona. No me siento yo, me siento más... poderosa. Me gusta.

Capítulo 19

Ishtral y yo nos adelantamos hasta alcanzar a Jake y Rothian. En cuanto nos ve, mi amigo se coloca entre el sargento y yo. Ese gesto crea una media sonrisa de Ishtral que me gusta más de lo que estoy dispuesta a admitir. Jake nota que mis ojos se fijan en los de metal del sargento Blood y emite un pequeño gruñido. Agarra mi mano y me hace seguirle.
Seguimos nuestro camino, los árboles están cada vez más juntos por lo que tenemos que caminar en fila. Una espesa niebla pesa sobre nuestras cabezas haciendo imposible ver unos metros más adelante.
Siento los pies mojados y un sudor frío baña mi frente.
A medida que avanzamos, en silencio, vemos que los árboles tupidos y verdes se transforman en troncos sin ninguna hoja, retorcidos y cuyas vetas forman rostros que acechan. La escasa luz se vuelve grisácea, cargada.
Nos damos cuenta de que hemos llegado a un inmenso pantano que ocupa el centro del bosque. Lo que más me asusta es que, siendo un bosque, no se oye absolutamente nada. Ni el viento, ni un insecto, ni pájaros... ni siquiera ranas croando. Nada. Este pantano no es normal.
-Tened cuidado, puede que hayas pozos de lodo o arenas movedizas -Advierte Ishtral que cierra la comitiva.
-No hace falta que lo digas -añade Jake con acritud.
No lo veo pero sé que ante ese comentario, el sargento Blood está sonriendo. Le resultan muy divertidos los celos de mi amigo.
Podríamos llevar horas andando, puede que incluso haya pasado un día entero desde nuestra llegada. No hay forma de saberlo puesto que en Pryon nunca es visible el sol y la bruma reina en este interminable pantano.
Estamos cansados, bañados en sudor, sucios por el barro y cada vez más confiados puesto que nada ha pasado desde nuestra llegada. Puede que esta confianza sea la que nos sentencie a muerte.
-¿Qué tal si paramos un poco? No puedo más.
Rothian está pálida, es la que menos resistencia física tiene de todos nosotros. Aún así, aunque fuera la primera en decirlo, todos estamos agotados.
-De acuerdo. Mirad, justo allí hay unas rocas. Ahí podremos sentarnos.
Una vez en las rocas nos sentamos todos menos Ishtral. Está tenso.
-¿Pasa algo, sargento? -pregunta débilmente la princesa.
-No se oye nada. Eso es una anomalía. Estamos en un pantano, en un bosque, debería estar lleno de pequeños animales y de insectos. En todo el camino no he oído ni una mosca. No se me ha acercado ni una mísera libélula o un mosquito sediento. Me preocupa este silencio sepulcral.
-Te preocupas demasiado, es solo que este sitio es horrible, cuesta hasta respirar. Ningún ser vivo querría vivir aquí.
La respuesta de Jake no consigue calmar a Ishtral que sigue muy atento a los charcos de agua sucia que nos rodean.
-Rothian, ¿puedo romper tu vestido? -pregunto acercándome a ella.
-¿Para qué?
-La parte baja de tu ropa está empapada y pesa mucho más, quizá por eso estás más cansada. Es como si estuvieras cargando unas pesas atadas a los tobillos.
-Tienes razón, ayúdame.
Le cojo sin preguntar la daga de mango dorado a Ishtral (la daga con la que atravesó mi manzana el día que nos conocimos) y le rasgo las ropas a Rothian dejando el largo de su vestido a la altura de las rodillas. Veo que Jake, disimuladamente, fija su vista en las largas y finas piernas de la princesa.
-Listo, verás como ahora te cuesta menos caminar.
-Gracias, Lyx. No os preocupéis por mí, ya podemos seguir.
Dicho y hecho, nos ponemos otra vez en fila, esta vez, es Ishtral quien la encabeza seguido por mí. Tras nosotros van Rothian y Jake. Creo que Jake ve a la princesa como una muñeca de cristal que podría romperse en cualquier momento por lo que tiene miedo de que le pase algo, claro, que también piensa que es una muñeca preciosa. Debería entender que es más dura de lo que aparenta.
Tan absorto va Jake en sus propios pensamientos que pisa un montón de ramas secas cubiertas por musgo. De repente, el terreno cede. Mi amigo grita, sorprendido por la debilidad del suelo y Rothian agarra firmemente su mano.
Ishtral y yo intentamos correr en su ayuda pero unas lianas se enrollan en nuestras extremidades.
Las plantas tiran de nosotros atándonos al sargento y a mí en los troncos negruzcos de dos árboles.
Del agujero del que cuelga Jake comienzan a salir hordas de ratas, grandes, peludas y con los dientes afilados y amarillentos. Invaden a mi amigo y escalan por las piernas de Rothian, mordiéndola, arañándola. Ella no suelta su mano. De su garganta se escapan gritos de dolor, siente a los roedores agarrar su busto y subir hincando sus uñas en el cuello. Una sensación de asfixia y náuseas la ataca y agobia. Jake, sintiendo lo mismo que ella, levanta una mano llena de marcas sangrientas de dientes y se libera del agarre de Rothian. Si ella lo suelta podría defenderse de los animales.
-¡JAKE! ¡NO!
Cuando él se suelta, Rothian cae al suelo, pataleando y luchando. Siente los colmillos hediondos clavarse en sus mejillas y frente y las patitas enredarse en sus bucles. No puede gritar, las colas de las ratas la ahogan.
Jake se precipita por un estrecho agujero hasta que ya no podemos oír sus gritos.
Ishtral intenta vencer la presión de las lianas, que comienzan a enredarse en su cuello, pero empieza a faltarle el aire.
La ramas escalan por mi cintura buscando mi cuello. Cuando llegan a él y rozan mis heridas negras como el carbón. Mis ojos se vuelven de un color ámbar oscuro. Siento la ira reventar mi cabeza y una voz que me susurra “acaba con todos, Lyx”. Levanto los ojos y veo en las ramas de un árbol una enorme telaraña que sostiene ocho patas peludas y un cuerpo de anciana. Sonríe mostrando su lengua larga y oscura.
Mis arañazos comienzan a sangrar derramando un líquido viscoso y grisáceo sobre las ramas, que comienzan a arder y reducir su tamaño al rozarlas mi sangre.

Capítulo 20

Con una fuerza que no sabía que tenía libero mis manos de aquella planta que me aprisiona y cojo el puñal de Ishtral, que aún tenía en mi poder desde que corté el vestido de Rothian. Corto todas las lianas y caigo varios metros en picado desde la copa del árbol al que estaba aprisionada por las ramas.
Me levanto y miro a mi alrededor: a Jake se lo ha tragado ese pozo sin fondo, Rothian lucha por sobrevivir contra decenas de ratas demasiado grandes y demasiado hambrientas, Ishtral empieza a perder la consciencia por la presión que ejercen las lianas en su caja torácica y su cuello y yo no puedo dividirme para ayudarlos a todos.
Decido socorrer primero al sargento pues pienso que la princesa puede aguantar un poco más.
“Déjalos morir, Lyx. Son una carga. Tu único objetivo es matar al arquero, ¿recuerdas?” la voz de la anciana, que desde su red en el árbol observa cada uno de mis movimientos resuena en mi mente. Tiemblo al pensar en ello. No voy a abandonar a todos. Muevo mi cabeza rápidamente para eliminar esa siniestra tentación.
-¡Aguanta Rothian!, ¡enseguida te ayudo!
Lo que consigo a modo de respuesta son palabras ahogadas en una marabunta de ratas enloquecidas.
Me engancho la daga en el cinturón y comienzo a trepar. Gracias a haber vivido tantos años entre casas derruidas, escapando de la Guardia Real, no tardo mucho en llegar hasta el sargento. Me mira con las pupilas nubladas por la falta de oxígeno. Mis ojos arden en tonos naranja, muestra de que estoy furiosa y preocupada por la vida de mis amigos. Comienzo a cortar las lianas que abrazan mortalmente a Ishtral y éstas se abalanzan contra mí. Basta una mirada a esa planta para que mis heridas latan y todas las ramas que iban a atacar retrocedan. El sargento lo presencia todo casi inconsciente. Al cortar la que oprimía su pecho, una bocanada de aire rancio entra en sus pulmones devolviéndole parte de su energía. Cae sobre mí, como un peso muerto. Estoy a punto de caer pero consigo agarrarme a una rama. Con él en mi hombro, y a duras penas, alcanzo el suelo. Mientras dejo que Ishtral recupere un poco el aliento, miro asustada a Rothian, que ya no pelea. Corro hacia ella, gritando y con el puñal en la mano.
Mientras, el sargento, aún mareado, saca su revólver y dispara hacia la marabunta de roedores que ahogan a la joven hasta que se le agotan las balas.
No sé que voy a hacer, supongo que, como siempre, improvisar.
Las ratas, saciadas de la carne de la princesa, observan mi piel con hambre. Corren hacia mí. En ese instante recuerdo que, de alguna forma, las marcas que dejó en mí aquella araña asustaron a las lianas, quizá funcione también con estos roedores. Paro en seco viendo cada vez más cerca a las ratas. Alzo la daga y hundo la punta del arma en la herida de la clavícula. Un dolor punzante recorre todos mis nervios y escupo un grito desgarrador.
Saco el arma de mi carne. Caigo de rodillas y muevo el puñal empapado de la sangre grisácea que mana de esos arañazos hacia las ratas. Todas paran. El tiempo se detiene y veo a más cien ratas atentas a los movimientos de mi mano. Me levanto y los animales dan pasos hacia atrás. Yo avanzo y ellas retroceden.
Lanzo la daga hacia el centro de aquella masa amorfa de patas y colmillos ensartando a una que se retuerce con espasmos de dolor. Todas las demás se van alejando y huyen despavoridas en todas direcciones. En los segundos que dura la huida de las ratas, la marca del puñal en mi clavícula ya ha desaparecido.
Ishtral corre, ya casi recuperado, a mi lado.
-¿Cómo has...?
-No hay tiempo, Rothian nos necesita.
Mi tono de voz es firme y el sargento me obedece. Corremos hacia ella.
Aún respira, se ha desmayado por el dolor intenso de las mordeduras por todo su cuerpo. No hay pedazo de piel de la princesa que no tenga la marca de los dientes de las ratas. Su preciosa cara parece ahora un mosaico que hay que recomponer, sus manos, antes finas y delgadas, ahora están hinchadas y sanguinolentas. Su ropa, hecha jirones y todo ella, deshecha.
Ishtral se quita la chaqueta y se la pone bajo la cabeza a modo de almohada. Yo trato de tocarla pero con cada roce se estremece de dolor al acariciar sus heridas. La princesa Rothian está irreconocible y desfigurada.
Lloro de impotencia y el sargento me abraza para reconfortarme.
Entonces, oímos un silbido. Un sonido claro y muy largo. Todas las ratas que antes había espantado vuelven y ahora hay muchas más. Me echo a temblar, no puedo más. Miro hacia arriba y la araña ha desaparecido. Cientos o incluso miles de ratas nos atacan como una ola irrefrenable. Nos separan a los tres y veo cómo introducen el cuerpo desprotegido de Rothian en el pozo por el que había caído Jake. Intento moverme pero la avalancha de roedores me lo impide.
Oigo a Ishtral llamarme mientras que lo arrastran a él también a aquel agujero. La siguiente soy yo. Intento luchar pero me es imposible, la cantidad de animales me ahoga y simplemente me desmayo.

Safe Creative #1510265626161

jueves, 9 de junio de 2016

Capítulos 15, 16 y 17

Capítulo 15

El aliento de aquel ser invade mis fosas nasales causándome unas náuseas irrefrenables. Estoy paralizada de miedo y mi garganta solo emite unos extraños gorjeos. No puedo gritar. No puedo huir.
-¿Ahora qué pequeña Lyx? -dice con una voz mucho más grave que en su forma de anciana- ¿Sigues pensando que eres inocente? Eres una asesina. La causa de que tu hermano sea huérfano.
-No... No quería... A ella no...- eran susurros lo que salían de mi boca seca.
-Oh, perdón, he cometido un error. Eres la causa de que tu hermano fuera huérfano. Él también ha muerto, ¿y por qué?: Por tu culpa. Por no haber sabido detener a ese arquero. Eres tan inútil, Lyx.
Estoy dolida, asustada, desbordada. Aquella inmensa araña aprieta mi cuello hasta que mis ojos se enrojecen y hace unos pequeños arañazos en mi cuello y clavícula. Me gira la cabeza y en un extremo de la telaraña veo a Pete semi-envuelto en un capullo. Me mira con los ojos desorbitados y me señala.
-Fue tu culpa. Morí por tu culpa. No hiciste nada por mí. Te odio.
Sus palabras me hieren en lo más profundo y siento como si me desplomara por un precipicio oscuro, sin fondo.
-Por tu culpa crecí sin padres que me quisieran. Por tu culpa no amé a nadie y nadie me quiso. Por tu culpa morí solo.
-¡No! Pete, eso es mentira. Yo te he querido y lo sigo haciendo. Y sí que has amado, ¿qué hay de Luy?
-¿Quién es Luy?
Un momento, acaba de preguntar quién es Luy. El Pete que yo conozco jamás olvidaría a esa pequeña. Él tampoco me echaría en cara la muerte de nuestra madre por muy responsable que fuera ni tampoco pensaría que ha muerto solo puesto que lo sostuve entre mis brazos hasta que su cuerpo se enfrió.
-Cántame la nana de mamá -digo temblando.
-¿Por qué? ¿para que te sientas mejor? Oh no, hermanita. No voy a cantarte ninguna estúpida canción de cuna.
No me hace falta hablar más. Él jamás diría que la nana de mamá es estúpida. Aparto con esfuerzo la mirada de mi hermano y veo al enorme arácnido moviendo unos hilos delgadísimos que están unidos al cuello del falso Pete. Ése no es mi hermano. Me concentro y siento la ira quemando mis venas. Ese extraño ser no solo ha usado mi propio sentimiento de culpa contra mí, sino que además ha deformado el precioso recuerdo que tengo de mi hermano. Me ha hecho dudar de mí misma y, lo que es peor, de Pete.
Alzo una mirada furibunda y asesto una gran patada justo en el abdomen del arácnido haciéndolo retorcerse de dolor. De mi vista desaparece el capullo en que se hallaba preso “Pete”. Mis muñecas también se ven liberadas de aquellos finos hilos. Caigo al suelo y frente a mí, toda la telaraña se ha vuelto a transformar en miles de hojas unidas por puntadas. Lo único que aún queda es la araña. Se acerca hacia mí con los ojos completamente negros. Puedo jurar que veo mi propia muerte reflejada en la negrura de sus pupilas.
Golpea el árbol que está detrás de mí y, aunque me agacho, con otra de sus patas me lanza por los aires pateándome el costado. Siento arcadas y me doblo de dolor. Ni siquiera puedo respirar cuando veo que la alimaña vuelve a acercarse. Me pongo en pie y corro directa hacia ella a toda prisa. Mueve su cabeza buscándome. Ruedo bajo su impresionante y peludo abdomen. Cojo una de las agujas que usaba cuando estaba disfrazada de anciana. Con ella en la mano, escalo por una de sus patas traseras. El tacto de su pelaje en mis manos es asqueroso. No obstante, debo agarrarme fuertemente puesto que no para de revolverse para tirarme de su espalda. A duras penas llego hasta su cabeza y clavo la aguja en su cuello lo más hondo que puedo. Un grito atronador me revienta los tímpanos y yo también chillo. Salgo despedida de su espalda por los espasmos del arácnido mientras que un líquido viscoso y grisáceo sale a borbotones de la reciente herida y tiñe mi ropa.
La araña sufre algunas convulsiones y vuelve a ser la esperpéntica anciana de antes.
Lentamente, arranca la aguja de su cuello y recoge la otra. Luego vuelve a sentarse inclinándose hacia delante y hacia atrás.
-No te preocupes, mi linda Lyx, ha sido la primera vez que me ves, pero no será la última.
Sonríe y lame sus labios con una lengua negruzca y putrefacta. Caigo al suelo, agotada, limpio el sudor frío que ensucia mis pestañas y cuando vuelvo a alzar la vista, ella ya no está. No hay árbol, ni hojas cosidas a otras. No estoy manchada de sangre. Ha desaparecido la anciana con sus agujas y ha terminado mi pesadilla.
Miro al cielo para ver la posición de la luna. Lo que para mí ha sido eterno, apenas ha durado unos minutos.

Capítulo 16

Tengo ganas de tumbarme en el suelo y descansar. De cerrar los ojos y fingir que Pete sigue vivo, que no acabo de matar a una araña enorme para que luego ésta desaparezca. Aún así, la vida no es ningún cuento de hadas. No va a venir un príncipe azul a salvarme. Vuelvo a acercarme al río, me agacho para lavarme la cara y, de paso, despejarme un poco. El agua corriendo por mi cuello es refrescante hasta que empieza a escocerme el cuello. Los arañazos que me había hecho aquella araña me duelen. Cuando me giro, dispuesta a seguir en busca de Luy, la veo mirándome y con un trozo de tela envolviendo su boca y nariz.
-¡Luy! Te estaba buscando, pequeña.
-¡Lyx!, ¡corre, vámonos! -parece asustada y temo que aquel arácnido con apariencia humana la hubiera atacado también a ella.
-¿Por qué? ¿Qué pasa?
-Te lo explico por el camino, por favor, vámonos de aquí- su tono suplicante y la forma en que tiraba de mi mano me convencen.
Las dos caminamos ya por la ruinosa zona sur que había sido nuestro hogar hasta los últimos meses.
-¿Estás bien, Lyx?, ¿has visto algo raro?
-¿Qué?, ¿es que tú no has visto a la señora mutante que se convierte en araña?
-Lo suponía.
-Explícate, Luy.
-Por esa zona hay que pasar tapándose la nariz y la boca. Está llena de unas flores que brillan atrayéndote hasta ellas y cuyo aroma te hace ver lo que más temes y enfrentarte a ello. Yo ya lo sé, pero la primera vez que pasé, vi un enjambre de mariposas hambrientas de carne humana... y sabes el miedo que me dan esos bichos. ¿Tú dices que has visto una araña? No me extraña, siempre les has tenido fobia, pero no te preocupes, solo era una ilusión.
Me llevo inconscientemente las manos al cuello. Si había sido una ilusión, ¿cómo es que las heridas eran reales?, ¿y cómo es que me dolían tanto unos simples arañazos? No le dije nada a Luy para no asustarla pero le advertí que evitara pasear por allí.
Nos sentamos juntas en el tejado del que había sido mi hogar y le cuento que me debo marchar para vengar la muerte de mi hermano. Le cuento sobre Jake, el Sargento Blood y la princesa Rothian. Cuando menciono a la princesa se le abren mucho los ojos en señal de admiración. Luy siempre dice que quiere ser tan guapa como Rothian.
Tras abrazos, besos y alguna lágrima corro hasta el bosque de la zona norte donde me esperan mis amigos. Los arañazos laten en mi cuello y clavícula.

Capítulo 17

Corro lo más rápido que puedo y entre las ramas de los árboles entreveo la melena rizada de Rothian. Cómo si hubiera percibido mi presencia, se gira justo en mi dirección y sonríe aliviada.
-¡Lyx! Al fin llegas, estábamos preocupados.
Ishtral y Jake se acercan a mí, que trato de recuperar el aliento.
-¿Estás bien?, ¿por qué has tardado tanto?- Jake estaba muy preocupado por mi tardanza.
-Lo más seguro es que se haya perdido. Torpe -añade Ishtral secamente recibiendo una mirada asesina por parte de Jake.
-Sargento, estás mucho más guapo calladito -contesto.
-No te preocupes Lyx -empieza Rothian-. Se moría por ir a buscarte. Estaba muy preocupado. Los dos lo estaban.
Ishtral resopla y señala las mochilas que nos llevarán a Pryon.
-Yo me voy ya, haced lo que queráis.
No miente, se la coloca y salta. Sube mucho, tan alto que su pelo rojo es solo un punto en el infinito azul oscuro de la noche. De repente, veo su perfecta figura descender en picado, más allá de la tierra que nos sostiene, más allá de Arala.
Los demás imitamos a Ishtral.

Por un momento, cuando estoy yo sola entre las nubes pienso que puedo seguir adelante, que no hace falta estar entre dos países a punto de declararse la guerra. Como he dicho, solo ha sido momentáneamente, luego he recordado a mi pequeño y vivaz hermano. Mi Pete. Aprieto los dientes y puedo sentir la sangre de su asesino corriendo entre mis crispados dedos. Solo sé una cosa: voy a matar a ese arquero. Al pensar en ésto, mis arañazos se estremecen.

Safe Creative #1510265626161

lunes, 6 de junio de 2016

Capítulos 12, 13 y 14

Capítulo 12

Tal y como Rothian dijo, a las once y media de la noche oigo a Ishtral hablar con el guardia que había estado vigilándome desde las siete de la tarde. Llega a mi celda y se pone de espaldas a mí. No nos hablamos. A las doce y media, cuando ya no se oye ningún tipo de ruido, Ishtral saca un manojo de llaves y escoge una cuya forma retorcida llama mi atención. Salgo de mi prisión y entre los dos apagamos algunas de las antorchas para reducir la luz. El juego de luces y sombras endurecen el perfil de Ishtral. Su boca parece esculpida en mármol.
Salimos por una pequeña escalera de caracol escondida en uno de los numerosos recodos de las mazmorras. Es muy estrecha y causa una cierta sensación de claustrofobia. Ishtral nota mi angustia y me coge de la mano.
Juntos subimos un buen trecho hasta que por fin veo la luz blanca y limpia de la luna. Él sale primero y, agarrándome por la cintura, me eleva como si fuera una pluma. Me sigue sujetando hasta que dejo de temblar.
-Ya puedes soltarla, sargento -Jake nos observaba y no le estaba gustando lo que veía.
-¿Y si no quiero? -Me abraza más fuerte y me siento como si simplemente estuviera en medio dos estúpidos.
-Dejadlo ya, cuando tengáis la suficiente edad como para estar juntos sin pelearos, avisadme -digo librándome de los brazos de Ishtral y encabezando la marcha.
Nos alejamos de la cárcel y le digo a Ishtral que se adelante, que le diga a Rothian que voy enseguida. Yo antes debo despedirme de los huérfanos, en especial de la pequeña Luy (la niña de la que Pete estaba enamorado).
El sargento Blood, aunque de mala gana, acepta. Jake insiste en acompañarme y no puedo reprochárselo, él y yo somos los mayores y todos los niños dependen de nosotros, qué menos que darles un abrazo antes de irnos.
Jake y yo, corriendo por los destartalados tejados de la zona sur de Arala, llegamos a nuestro refugio, todos lo niños se reunían allí cada noche a pesar de estar viviendo en la posada que les habilitó la Reina.
Allí nos reciben entre lágrimas y abrazos. Las mangas de los más pequeños están manchadas de mocos de tanto llorar. Necesitan descargar la pena y miedo pasado en los últimos meses. Una pequeña parte de ellos les decía que los años felices, viviendo juntos y robando manzanas para después huir de las tenderas, habían llegado a su fin.
Nos sentamos todos en círculo y Jake y yo les explicamos que nos tenemos que ir, que van a pasar un tiempo sin vernos y que sean valientes. Sé que lo serán.
Jake y yo nos despedimos de todos, uno a uno, pero me falta la pequeña Luy.
-Greg, ¿dónde está Luy?- le pregunto a uno de los niños más mayores.
-Supongo que estará donde siempre se esconde desde que Pete...
-¿Dónde?
-En el columpio largo, cerca del lago.
-Gracias. Anda, corre con los demás y cuídalos por mí.
-Lo haré, Lyx. Ten cuidado.
Le sonrío y los veo alejarse hacia la posada donde ahora viven.
-Jake, ve junto a Rothian y el Sargento Blood, diles que voy enseguida, tengo que buscar a Luy.
-Vale, pero no tardes, debemos irnos antes de las cuatro de la madrugada o el sol nos hará un blanco fácil para las tropas de Pryon.
-No te preocupes, solo voy a buscarla para despedirme, sabes lo importante que era ella para Pete.
Dicho ésto, él parte hacia el norte, hacia el bosque donde nos esperan nuestros amigos mientras que yo me adentro más al sur, siguiendo el curso del río que conduce al lago.

Capítulo 13

Llevo caminando unos veinte minutos siguiendo el río, calculo que no quedará mucho hasta llegar al columpio largo que, para aclarar dudas, es exactamente eso: un columpio muy largo atado a la rama de un árbol.
Paso por un claro que, extrañamente, parece estar más iluminado que el resto del mundo. Me acerco más y, escondida tras el tronco de un árbol, veo a una anciana de cabellos plateados. Me impresiona su aspecto, es como una caricatura viviente: las piernas muy delgadas y pequeñas en comparación con el imponente torso. Los párpados caídos y el lóbulo de las orejas le llega por los hombros. La boca muy fina y marcada por arrugas. Lo que me impresiona es lo oscuro de sus ojos, un enorme iris negro brillante que casi le ocupa todo el ojo comiéndose la parte blanca. Se balancea sentada en un banco, sus diminutas manitas sostienen dos enormes agujas que están tejiendo... una enorme hoja blanca con las hojas del árbol que estaba a su lado. Cada vez que une una hoja a otra hace una grieta en el árbol, que sangra derramando su savia color miel.
No sé por qué pero no puedo parar de mirar a aquel personaje tan extraño que nunca antes había visto.
-Hola, Lyx- dice la anciana con voz lenta-. Anda linda, sal que te vea.
No me acerco a ella, permanezco escondida.
-Lyx, preciosa, ¡Sal ahora mismo!- cuando me grita lanza una de sus inmensas agujas con una fuerza sobrehumana que traspasa el árbol y se queda a unos milímetros de mi cuello.
Salgo temblando de miedo.
-Oh, mi linda niña, aquí estás- al decir ésto extiende la mano hacia su aguja, que tiembla dentro del árbol y vuelve volando a su apergaminada mano.
-¿Qu... qué quiere de mí? - me siento mareada y el árbol donde se había clavado el “arma” de aquella anciana se había ennegrecido hasta convertirse en ceniza.
-¿Por qué no te sientas y hablamos?
-¿hablar de qué? -mantengo las distancias.
-No sé, del clima, de Arala, de ti, de mí, de Pete, Jake, Ishtral, Rothian... O de la extraña muerte de tu madre, ¿qué te apetece, mi niña?
Abro mucho los ojos, cómo puede saber esa anciana el nombre de mis amigos, de mi hermano. Cómo puede saber lo de la muerte de mi madre...
-Tengo que irme.
-Tú la mataste, Lyx. A tu propia madre. Qué niña más mala.
Un escalofrío quiebra mi columna vertebral. ¿Cómo...?
-No, mentira, fue un accidente, yo no...
-Tú sí. ¿Recuerdas? Aquella noche oíste a tus padres gritar mucho. Pete era solo un bebé. Tú tenías ocho años recién cumplidos. Papá y mamá peleaban. Bajaste las escaleras descalza, asustada. Te asomaste al marco de la puerta y viste a tu padre darle un puñetazo a tu madre. Luego otro. Le sangraba el labio. Cayó al suelo. Una patada. Tú temblabas y tu madre le gritaba a tu padre que no os tocara, que si os hacía algo a Pete o a ti, ella le mataría. Tu padre le dio una patada en la boca, apestando a alcohol y a locura. Tú no lo podías soportar, corriste a la cocina y cogiste un cuchillo.
-¡NO! ¡PARA! ¡NO LO DIGAS! -estoy de rodillas, llorando desconsoladamente y arañándome los oídos. La anciana sonríe formando una mueca fantasmal.
-Con el cuchillo en tus temblorosas manos te pusiste tras tu padre. “No vuelvas a pegarle a mamá o...- ¿O qué, Lyx? ¿vas a matarme?” tu padre sonrió y agarró del pelo a tu madre, que lloraba. Él le besó un ojo amoratado y tú te lanzaste sobre él. Tu padre no se lo esperaba y tu madre su puso entre él y tú. Tu fino camisón blanco se tiñó de rojo, pero de la sangre de tu pobre e inocente madre. Tu padre, temblando, huyó y nadie supo más de él. “mamá, perdona, yo no quería, a ti no. Perdona mamá. No te mueras, perdona mamá”. Oías de fondo el llanto de Pete.
Tu madre te besó la mejilla, te dijo que no pasaba nada, que te quería más que a nadie y que siempre te cuidaría. “Adiós, mi pequeña y valiente Lyx”.
Una neblina enturbia mis ojos y, al mirar al suelo, veo un cuchillo ensangrentado a mi lado y mis ropas manchadas de sangre. Otra vez no. Por favor, no.
De repente, la anciana golpea la tela de hojas blancas y se forma una enorme red a mi alrededor. Estoy inmóvil y mi instinto de supervivencia, anulado. Levanto con esfuerzo los ojos, que han perdido su color y veo que la anciana está de pie sobre un hilo. Da un paso y se le alargan las extremidades naciéndole cuatro más. Otro paso y su cuerpo queda cubierto por una pátina peluda. Otro paso y ya no hay anciana, hay una enorme araña caminando hacia mí, babea y no puedo moverme. Una lágrima sucia y polvorienta se derrama por mi cara. Cierro los ojos cuando siento las patas de la araña estrujando mi cintura y su boca rozando la mía.

Capítulo 14

Mientras tanto en el bosque de la zona norte.

-Eh, tú, ¿dónde está Lyx?- pregunta Ishtral a Jake
-Tengo nombre, Bobo Real.
-Lo mismo digo.
-Ya está bien los dos. Jake, ¿dónde está Lyx? -media Rothian entre los dos.
-Cuando nos despedimos de todos los huérfanos, la única que no estaba era Luy y Lyx quería hablar especialmente con ella.
-¿Por qué con ella? -añade Ishtral.
-El hermano de Lyx estaba enamorado de esa niña. No quería irse sin darle un abrazo a Luy.
-¿Pero no está tardando mucho?, sargento Blood, tengo un mal presentimiento- se nota el temor de Rothian en su voz.
-Voy a por ella- Ishtral estaba empezando a alarmarse.
-Te acompaño, sargento- Jake siente que no debería de haberla dejado sola.
-No, dejadla sola. No sé exactamente qué está pasando pero sé que Lyx vendrá pronto. Lo sé.
Rothian tiene una especie de sexto sentido. Cuando establece un vínculo emocional con alguien, es capaz de saber, mejor dicho presentir, si la otra persona está bien. Ella sinceramente espera no equivocarse con Lyx.
“Vuelve pronto, por favor” piensa inquieta.

Safe Creative #1510265626161

jueves, 2 de junio de 2016

Capítulos 9, 10 y 11

Capítulo 9

Un grito muere en mi garganta. La sangre fluye como un río. Me levanto cojeando. Oigo los gritos de lejos, como velados. Todo es una pesadilla. De alguna forma soy consciente de que Jake corre hacia mí y de que Ishtral, tras perder al arquero, también viene en mi dirección. Subo la escalerilla. La Reina está arrodillada, temblando. Rothian ha sido escoltada por una parte de La Guardia a un lugar seguro. La sangre late en mi cabeza como mil martillos destrozándome. Matándome. Corro todo lo que puedo hacia el cuerpo frío de Pete. Es él quien se ha interpuesto entre la flecha y Su Majestad. El resultado de tal acto ha sido una maldita flecha clavada en su estómago. La hemorragia es demasiado grande. Su cuerpo está atravesado por estertores de dolor. Tiene los ojos desorbitados. Está aterrado. Tomo su cabeza entre mis brazos y le acuno obsesivamente. Le susurro que no le pasará nada. Que todo va a ir bien. No se si le miento a él o a mí misma.
-Lyx... - susurra Pete.
Yo por respuesta le abrazo más fuerte queriendo retener su vida entre mis húmedos y agarrotados dedos.
-Lyx... la nana que nos cantaba mamá...
-¿Qui...Quieres que te la cante?
-Por favor- su voz sonaba tan débil que me rompía por dentro.
-Solo si me prometes que no me vas a dejar sola, renacuajo- las lágrimas que marcaban mi cara caían en su boca agrietada.
Sus extremidades estaban heladas para concentrar más sangre en los órganos vitales. Su cuerpo luchaba por vivir pero el peso de la vida es demasiado grande para el pequeño cuerpo de mi hermano.
Me aprieta levemente el brazo. Empiezo a cantar.
“Duerme mi amor, duerme mi amor
pronto te bañará la luz del sol.
Duerme pequeño, duerme pequeño
que la luna custodia tu sueño.
Duerme mi vida, duerme vida mía
que yo seguiré aquí cuando despunte el día.”

Pete es un mentiroso. Me prometió que si le cantaba, él viviría y, sin embargo, ni siquiera ha oído los dos últimos versos.
Se me cae el mundo. Siento las manos de Jake y de Ishtral intentando separarme de mi hermano y lucho por evitarlo pero un estado de shock me anula.
Me levantan como si fuera una muerta en vida. No siento nada. No pienso en nada. No quiero nada.
En mi cabeza solo fluye la imagen del día en que nació Pete, cuando mi padre me llevó donde estaba mi madre con el pequeño en los brazos. “Éste es Pete, Lyx. Es tu hermano y vas a tener que cuidarlo muy bien, ¿me lo prometes? - te lo prometo, mamá”
Lo siento mamá, no cumplí la promesa. Adiós Pete.

Capítulo10

Han pasado dos meses desde aquello. Durante ese tiempo, la Reina me alojó en Palacio y habilitó una pequeña posada que llevaba años cerrada para que Jake y los demás huérfanos pudieran resguardarse. No sé si aceptaron abandonar nuestra preciada zona sur. Tampoco me importa. Lo que más necesito es a Pete y es precisamente lo único que no puedo tener.
En el transcurso de esos días, la princesa Rothian venía todos los días a mi alcoba y me leía libros. Yo, mientras, escuchaba como ausente, con la mirada perdida en el cielo. Ishtral no vino a verme. Jake quiso ver cómo estaba pero pedí que no se acercara a mí.
Le odié. Odié a Jake por no proteger a mi hermano, que es lo que debía hacer. Odié a Ishtral por no atrapar al cerdo que lanzó la flecha. Detesté al arquero por asesinar a Pete. Aborrecí a la Reina por no morir ella, que es quien debería haberlo hecho. No obstante, y por encima de todo, me odié a mí misma por detestar a los demás; sabía que a Pete no le gustaría que me comportara así.
Ya ha llegado el mes de julio con sus largos días y un calor que lo domina todo.
Se acabó el lamentarme. Me levanto y me visto por primera vez en dos meses. Pienso atrapar a ese arquero cueste lo que cueste y clavarle una flecha en su asqueroso y putrefacto estómago.
Salgo de la habitación y camino lentamente hacia el comedor, donde la Reina está desayunando junto a la Princesa.
Abro la puerta de golpe, sobresaltando a Ishtral que es quien custodia la seguridad de la sala. Me mira apenado. Veo culpabilidad en sus ojos.
-Estoy bien, sé que no fue tu culpa- le susurro al pasar a su lado pero no le miro a la cara.
-Lyx, querida...- comienza Su Majestad.
-Ven, Lyx, desayuna a mi lado- dice la princesa con su mejor sonrisa. Ella me ha brindado durante estos dos meses una amistad que yo no estaba en condiciones de agradecer. Ahora lo hago, gracias Rothian.
Desayuno en silencio, escuchando la charla intrascendente de madre e hija. Siento la mirada de Ishtral clavada en mi nuca. Acabamos el desayuno, que me resulta insípido.
-Bueno Lyx, ¿ qué tal est...?
-Dime dónde puedo encontrar al arquero- mi voz suena ronca cuando interrumpo a Rothian, que se queda callada y desvía la mirada. Oigo que Ishtral da un paso hacia delante.
-Majestad, por favor, necesito respuestas: ¿quién era? ¿De dónde venía?
Silencio. Todos miran al suelo. Siento una sensación de furia bullir en mi interior.
Me levanto golpeando la mesa.
-¡Maldita sea! ¿¡ Por qué nadie quiere decirme nada!? Es frustrante. ¿Creéis que no podré soportarlo?, ¿eso creéis? Pues estáis muy equivocados, estúpidos Bobos Reales- al decir el sobrenombre con que se refería Pete a la Guardia Real se me quiebra la voz. Me siento de nuevo, con las manos tapando mis ojos hinchados de tanto llorar.
-La flecha que atravesó a tu hermano llevaba el emblema de Pryon.
-¡Mamá!- reprocha Rothian preocupada por mí.
-Calla hija, debe saber todo lo que hemos descubierto.
Miro a Su Alteza y la princesa toma mi mano para darme ánimos.
-Lyx -empieza la Reina-, Arala ha vivido los últimos años sumida en un acuerdo de paz muy frágil con el país que se encuentra justo debajo: Pryon. Tanto su rey como yo sabemos que cualquier cosa podría provocar una guerra, el problema es que estoy segura de que él la desea. La flecha que iba dirigida a mí tenía el emblema de la familia real de Pryon, además, el Sargento Blood , en su persecución tras el arquero, dijo que vio en su mano la marca que todos los espías Pryoranos llevan. Quieren que sepamos que han sido ellos, que contraataquemos y así ellos tener la excusa perfecta para declararnos la guerra. En una contienda así morirían miles de inocentes y créeme si te digo que Arala tiene más posibilidades de perder. Su ejército es más fuerte, sus espías mejor entrenados y sus armas, mucho más mortíferas. Estoy discutiendo con mis consejeros qué hacer ahora, qué paso dar.
-Iré a Pryon.
-¿¡Qué!? No, no puedes Lyx, te matarán- la angustia era palpable en la voz de la dulce Rothian.
-He dicho que iré a Pryon y es lo que voy a hacer- me libero de las temblorosas manos de la princesa y me levanto de golpe. Al girarme veo a Ishtral con la mandíbula tensa y el puño cerrado con demasiada fuerza. Se está conteniendo.
-Supuse que dirías eso, pequeña Lyx. No me dejas otra opción. ¡Guardias, prendedla!
Una avalancha de soldados sale de la nada y me reducen con facilidad a pesar de mis intentos de huir, de las patadas al aire, de los puñetazos dirigidos a nadie en concreto y de los mordiscos.
Una vez amordazada, fue Ishtral quien cogió la cuerda para llevarme a una celda.
Caminando por el húmedo pasillo que lleva al calabozo, le susurré algo que sé que le dolió puesto que cerró con fuerza el puño y sus hombros perdieron la compostura y firmeza que solían tener.
-¡Jamás te perdonaré, sargento!
Eso le susurré, saboreando el veneno que se escurría entre mis dientes y mi lengua.

Capítulo 11

Me sangran los nudillos de golpear las paredes y los barrotes de la celda. Todos los días venía la Reina a preguntarme si había cambiado de opinión sobre lo de ir a Pryon. Mi respuesta siempre era la misma: una mirada de desdén.
Hoy, ya casi a finales de julio, aparece ante mí Ishtral.
-¡Alabados sean los dioses! ¡Si es el magnífico y valeroso Sargento Blood!-comento irónicamente mientras me acerco a los barrotes que me separan de él.
-Lyx, por favor...- dice lentamente tomando mi mano a través de las rejas.
-No me toques. Te lo advierto -jamás me he sentido tan furiosa, me sentía traicionada por él. Había confiado en Ishtral como nunca lo había hecho en otra persona y fue él mismo quien me arrastró a este agujero de podredumbre que devora una parte de mí cada noche.
-Lyx, con la carita tan dulce que tienes hay que ver el miedo que das.
La voz de Rothian llena el pasillo. Se pone al lado de Ishtral que no deja de mirarme. Ella se quita su velo de gasa azul dejando al aire sus preciosos bucles castaños, sus ojos pardos y su nariz bañada por algunas pecas azuladas. Sonríe.
-¿Que quieres, Princesa? -digo con el tono de voz más neutro que pude.
-¿También estás enfadada conmigo?
-Oh no, claro que no, me voy a enfadar con los árboles porque son unos aburridos, nunca se mueven. Contigo nunca, Princesa.
Ishtral sonríe un poco.
-¿Tú de qué te ríes, Bobo Real?
Se le borra la sonrisa. Eso está mejor.
-Lyx, ¿quieres dejar de lanzar veneno por la boca y dejarme explicarte por qué estoy aquí?
Hago una reverencia patética para invitarla a comenzar su perorata.
-Lyx, mamá no fue la única que supuso que querrías ir a Pryon. Recuerda que he sido yo la que ha estado a tu lado durante aquellos dos meses de lágrimas y amargura. He llegado a conocerte lo suficiente como para saber que tendrías la intención de vengar la muerte de su hermano.
-Brillante deducción, ¿has acabado?
-No. Déjame seguir. Por eso, cuando se lo comenté al Sargento Blood, él me dijo que te acompañaría -miré a Ishtral y él sostuvo mi mirada hasta que Rothian continuó-. Pasé noches en vela pensando en ti, en tu pobre hermano, en mi madre y en Pryon. Sé que mamá acabará llevando al país a la guerra como sé que yo puedo evitarlo. He decidido que iré contigo a Pryon. Voy a hablar con la familia real pryorana para llegar a algún tipo de acuerdo de paz.
-¿Hablas en serio, Rothian? -me asombra la determinación de la joven que solía parecer tan frágil como una muñeca de cristal.
-Sí. Aún así sé que mi madre jamás me permitiría llevar a cabo esta empresa porque piensa que sigo siendo la niña pequeña que se tropezaba con los bordes del vestido. He pensado en huir esta noche. El sargento Blood hará el turno de guardia de tu celda a eso de las once y media de la noche. Te sacará y nos reuniremos en el bosquecillo que mi madre usa como coto de caza, a las afueras de Arala. Allí he enterrado cuatro mochilas para bajar a Pryon. ¿Estás conforme?
-¿Cuatro mochilas?
-Tu amigo, el que me odia, también viene -menciona Ishtral notablemente molesto por la presencia de Jake en el plan.
-De acuerdo, gracias Rothian.
-Gracias a ti, Lyx. Tu valor me ha hecho abrir los ojos. Es hora de comportarme como una verdadera princesa y salir de esta jaula de oro.
Dicho ésto se va. Ishtral se dispone a seguir sus pasos cuando agarro una de sus mangas.
-Siento todo lo que te he dicho y más te vale que aceptes mis disculpas a la primera porque me cuesta mucho pedir perdón y ten por seguro que no voy a repetirlo. Además, no todo ha sido mi culpa, tú me provocaste,¿quién te mandaba traerme atada y a rastras a este agujero?
Él dibuja una media sonrisa, toma mi mano derecha y la besa.
-Disculpas aceptadas.

Safe Creative #1510265626161