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jueves, 15 de septiembre de 2016

Capítulos 106, 107, 108 y 109

Capítulo 106

Fuera del Castillo del Rey de Pryon

Cientos de aralios descienden en picado con sus mochilas voladoras. Lanzan flechas y pequeñas bombas. Derraman gases abrasivos, lacrimógenos o asfixiantes; incluso algunos que paralizan el sistema nervioso durante unas horas. No son solo los soldados, también los propios ciudadanos de Arala. Tras atacar en pequeños grupos pillando desprevenidos a los guardias que controlan los niveles del pueblo llano y de la nobleza de Pryon, huyen hacia el cielo siendo totalmente inaccesibles. Si el Rey contaba con usar a sus súbditos como carne de cañón, ya no podría. La estrategia de la Reina consistía en dejar inservibles sus reservas de “escudos humanos”. Así, cuando los que no hayan resultado heridos huyeran despavoridos. Ella misma bajaría hacia el Castillo comandando al verdadero ejército aralio. Se sentía mal por los pryoranos, aunque sabía que la mayoría no morirían. Todas las armas que estaban siendo usadas estaban destinadas a causar heridas, no a provocar un genocidio. Lo único que busca es infundir más miedo en aquellos esclavos sumisos que su monarca y que salieran despavoridos de La Capital. Solo quiere acabar con el Rey déspota y su hijo, digno heredero de su padre en cuanto a crueldad se refiere.
El caos comienza a ser palpable. La gente chilla y corre y tropieza y llora. Un ruido atronador y una enorme nube de polvo se alza desde el suelo de Pryon. Algunos incendios aislados aparecen en ambos niveles como resultado de las bombas. De repente, una enorme explosión ensordece el resto de sonidos. Un explosivo aralio ha caído en un almacén donde el Rey guarda muchas de sus armas. Así, una reacción en cadena comienza segando las vidas de todo aquel ser viviente que alcanza, ya sea pryorano o aralio.
Una avalancha humana causada por el pánico generalizado se agolpa contra las murallas exteriores de La Capital. Gritan y, por primera vez en décadas de sumisión, exigen ponerse a salvo y luchan por sus vidas. Lástima que hayan tenido que morir sus amigos, vecinos y familiares para despertar ese instinto en los supervivientes. Lanzan piedras a los que custodian las murallas para que abran las puertas. Esa masa de piernas, brazos y alaridos se agolpa haciendo que sea difícil respirar. Parecen ganado.
La Reina aralia observa todo en una especie de nave aérea y araña los cristales.
-¡Abrid las puertas! ¡Maldita sea abrid las puertas o esa gente va a morir aplastada!- grita impotente. Los pryoranos ni se daban cuenta de que tras las grandes explosiones que habían causado enormes cráteres en el suelo asesinando a centenas de desgraciados, los aralios habían dejado de atacar y se dedicaban a recoger los cadáveres de sus compañeros (o lo que quedaba de ellos).
Entonces, la Reina envía a varios soldados a las murallas para que abran las puertas. Éstos, obedientes, se ponen sus mochilas y reducen a los guardias. Ya estaban asustados y paralizados. Con un par de golpes se quedan inconscientes. Los aralios abren las puertas y, en un espectáculo aterrador, los habitantes de La Capital huyen pisándose unos a otros, arrollando al ejército pryorano. Tras unos minutos de estampida. Entre el polvo, el humo y las cenizas, se ven cadáveres aplastados y asfixiados junto a las puertas. Tan cerca de la libertad pero... Un sollozo casca la voz de la Reina y golpea el suelo de su refugio. Ve la victoria más cerca, pues de un golpe ha eliminado las peores armas y ha ahuyentado a las “reservas humanas” del Rey, pero a qué precio.

Capítulo 107

Mientras una guerra se libra fuera del Castillo, dentro del mismo, el Rey

-¿¡QUE SUCEDE!? Ésto no debía pasar así. Maldita escoria humana, huyen como perros apaleados. Sin ellos mi plan... Los mataré. Si no mueren los mataré a todos. Parece que debí de haberlos asustado más. Asquerosos bastardos están traicionando a su Rey. ¡ARQUERO!
-Majestad.- responde éste apareciendo de la nada.
-Prepara al ejército. Diles que la prioridad es mantenerme con vida y que el Castillo no caiga. Luego ve y acaba con esos cerdos aralios.
-¿Y el príncipe Drake?
-Que venga. Si se niega, lloraré su muerte. ¡Ahora muévete!

En ese momento, Flair y Drake

Los golpes de espada han roto las ataduras de Flair.
-Bien, bastardo, es hora de que demuestres con hechos lo que dices con palabras. Te reto.
Entonces, Drake le lanza al joven una pequeña espada de madera mohosa.
-¡Eso no es justo! ¡¿Tú vas a luchar con acero y él con ese juguete?!
-La vida no es justa, estúpida princesa. Ahora cierra ese agujero que tienes por boca.
-No te preocupes, Rothian.
La voz tensa de Flair hace callar a la princesa, que durante unos segundos olvida su rencor hacia el joven y un sentimiento de angustia se queda colgado en su pecho.
Comienzan a luchar. La princesa odia admitirlo pero Drake es realmente bueno y el talento de Flair es su ballesta. Puede que pierda ante ese malvado. Eso le asquea. Flair recibe varios golpes y cortes mientras que el príncipe se mueve sin problemas y esquiva con agilidad las torpes estocadas de su adversario. El joven está en problemas y es consciente de ello. Puede que de pequeños, fuera Flair el más habilidoso, pero eso quedó en el pasado. Drake, con un giro de muñeca, rompe la endeble espada de Flair, que salta hacia atrás para evitar un ataque que podría ser mortal. Mientras el príncipe ríe triunfador, su oponente se ve relegado a corretear por la sala malgastando sus energías en conservar sus extremidades unidas a su cuerpo. Rothian los sigue con la mirada, apretando los puños y desollándose las muñecas debido a la fricción entre las ataduras y su piel. Intenta liberarse. Quiere ser libre para quitarse la máscara y acabar con ese príncipe pedante e insoportable. Le gustaría salvar a Flair. Si alguien ha de matarlo, ésa debe ser ella, no Drake. Ese juego en el que Flair simplemente escapa por los pelos del afilado filo metálico no puede durar para siempre.
La espada del príncipe pasa demasiado cerca y, aunque Flair la esquiva, tropieza y cae golpeándose en la cabeza. La sangre comienza a manar de esa herida y Flair se marea levemente a la par que las náuseas estrangulan su esófago. Drake se acerca con una sonrisa deforme cuando, de repente, una enorme explosión se hace dueña del mundo. El suelo tiembla levemente. Seguidamente, una serie de ruidos similares al primero hacen que la pelea entre los jóvenes se detenga momentáneamente.
-¿Qué sucede?- se pregunta Drake desviando un momento su atención de Flair.
Éste, aprovechando la falta de concentración de su rival, lo embiste con todas sus fuerzas haciendo que caiga de espaldas. Flair le arrebata la espada y la lanza lejos. Así, comienza a asestar poderosos puñetazos contra la mandíbula del príncipe. Cuando lo ve mareado, le envuelve el cuello con las manos y aprieta. Con más y más fuerza. Quiere asfixiarlo o partirle el cuello. Le da igual, solo quiere que Drake muera por todo lo que le han hecho a él y a su hermana desde niños. Por todo lo que le ha hecho a Rothian (pese a que lo de la princesa también es su culpa).
La herida de su cabeza hace que a Flair se le nuble la vista pero, a pesar de eso, todavía puede ver los ojos inyectados en sangre de Drake, la piel rojiza, con las venas de las sienes a punto de reventarle, las manos arañándole los brazos y la cara intentando por todos los medios librarse de esa presa que lo estrangula. El príncipe articula una palabra, una última palabra; el nombre de su verdugo: Flair Maldow.

Capítulo 108

Durante el ataque, Jake, Ishtral y Neldrey.

Ishtral se encuentra inmóvil tras la última paliza recibida. Jake yace prácticamente inerte tras los latigazos recibidos y Neldrey... Ella está desnuda y temblando. Con sus hermosos ojos verdes nublados y turbios. Los labios agrietados y el pelo enmarañado y sudado. El último guardia se está subiendo los pantalones justo cuando un chaval, un joven soldado de no más de diecisiete años entra de golpe.
-¿Pero qué? ¿Qué quieres?- pregunta el guardia que torturó a Jake.
-El Arquero dice que nos preparemos. Que vayamos todos a los jardines que rodean el Castillo para recibir órdenes. Los aralios han atacado por sorpresa y los súbditos de Su Alteza han huido. Solo quedamos nosotros para defenderlo a él y a este lugar.
-Enseguida vamos. ¿Te ha dicho el arquero qué hacemos con éstos?
-Eliminarlos.
Al decir eso, el joven sale corriendo hacia los jardines, como se le ha ordenado.
El soldado que ha golpeado a Ishtral toma la palabra.
-Id vosotros. Yo me cargo a éstos y voy.
-¿Seguro?
-Vamos hombre. Los dos aralios medio muertos y la puta embobada, ¿qué me van a hacer?
El resto de soldados ríen y se alejan no sin antes pellizcarle los pechos o las nalgas a la chica, cuya voluntad parece haber sido eliminada por completo.
Neldrey se acurruca en un rincón temblando y masajeándose los numerosos moratones causados por aquellos salvajes mientras observa, sin hacer nada, cómo el soldado saca una pistola y la carga. Ella se balancea y gime muy bajito, resultando inaudible. Entonces ve cómo apunta su arma a la sien de Jake, que está inconsciente e indefenso.
Gime un poquito más alto y recuerda una conversación que tuvo con la madame:
-Siempre supe que eras un rayo de luz, pequeña. La pregunta es, ¿podrás resistir en este pozo oscuro?
-Sí.
Entonces, con toda la ira, y la furia, y el rencor acumulado tras varias violaciones seguidas frente a los ojos de aquel a quien ama, se lanza como un animal salvaje a la espalda del soldado, desviando el tiro que estaba destinado a acabar con la vida de Jake.
-¡¿Qué?! ¡Suéltame zorra!
Pero Neldrey no habla. Solo le araña las manos y le muerde la cara. Se agarra a él y consigue tumbarlo al suelo. No obstante y pese a la gran fuerza que le da la adrenalina, pronto se ve reducida por el guardia y grita y gruñe.
-Eres como una gata, ¿eh? ¿Quieres que vuelva a bajarme los pantalones y te enseñe modales, rubia?- dice lascivo.
Neldrey grita y suena un disparo. El cuerpo sin vida del soldado cae sobre ella, que se aparta asqueada. Luego, se gira dispuesta a luchar contra quien fuera pero al verle sabe que no tendrá que luchar. Quien la ha salvado es Nash, el líder de la aldea de los bastardos.
-Dios mío, ¿qué os han hecho?- susurra.
Neldrey, desnuda y aterrada, se deja caer y llora. Llora como lo haría una niña asustada de la oscuridad o un cachorrito al que han maltratado. Llora como no lo había hecho desde que su madre murió.

Capítulo 109

Rothian y Flair

Flair, con un riachuelo de sangre en la cabeza que le hacía sentir mareado y con ganas de vomitar, se aparta del cadáver del príncipe y desata a Rothian, tambaleándose.
Ella está bien. Solo tiene cortes superficiales en las piernas. Mucho peor es la herida del chico. Es más seria de lo que aparenta. Antes de que Rothian pueda preguntarle al chico cómo se encuentra y de decirle que aunque la haya salvado eso no hará que lo perdone, Flair se deja caer sobre ella haciendo que ambos toquen el suelo.
-Flair... ¿Qué sucede? No me digas que vas a morirte... Pues no te lo permito. Soy yo quien va a acabar contigo, no una estúpida herida en la cabeza, ¿me oyes?
Él, apoyado sobre el regazo de ella alza su mano temblorosa y le quita la máscara. Al verle la cara, unos escalofríos comienzan a recorrer su cuerpo y, aunque Rothian quiere frenar ese efecto, no puede, porque en su interior sigue dolida por la traición del joven. Por ello quiere volver a ponerse la máscara, pero él la aleja un poco más.
-Mi princesa cabezota y cruel...
-Déjate de tonterías Flair, no me mires a la cara y dame la máscara.
-Eras tú quien quería matarme.
-Sí, pero ahora no. Maldita sea imbécil, no hagas tonterías.
-Ojalá algún día puedas perdonarme, lo hice porque...
-Sí, lo sé- dice ella intentando arrebatarle la máscara sin éxito. No quería hacer movimientos bruscos ya que la cabeza de Flair estaba apoyada en sus muslos y ya estaba malherido.
-Te quiero, Rothian.
Silencio. Por un momento la princesa se olvidó de la máscara y centró su cara deforme en los ojos llorosos y nublados del chico.
-No debiste traicionarme.
-Lo sé, y lo siento. Debí haber hecho caso a Neldrey cuando me pidió que abandonara y que os ayudara en serio pero...
-Pero eres así de estúpido.
-Tú lo has dicho.
-Cuando todo acabe ya hablamos de todo ésto, ¿vale?
Él sonríe y acaricia la áspera piel de Rothian y siente un leve relámpago de dolor en sus sienes, pero ninguno se aparta.
-Te quiero. En eso no mentí.
-Lo sé.
-Eres preciosa.
Unas lágrimas furtivas huyen de los ojos de la princesa y ella lo odia porque sabe que ya no está enfadada con él, que lo ha perdonado y que lo ama más que antes si eso es posible.
-Ahora, princesa llorona, acércate.
Ella obedece y unen sus labios. El beso más dulce de todos. El más hermoso y verdadero, digno de un cuento de hadas. Efímero y, a la vez, eterno. Y es tan único, tan especial, porque cuando se apartan, Rothian sabe que Flair no volverá a abrir los ojos. Sabe que se ha ido para siempre. Ella acaricia la boca y las mejillas del joven, y lo acuna entre sus brazos.
De repente, la puerta se abre y unos ojillos ávidos e inteligentes se posan en ellos.
-Kitz... -dice la chica- ¿Qué...?
-Supongo que la caballería ha llegado tarde, ¿no?- dice señalando con la barbilla el cuerpo inerte de Flair. La princesa no contesta.
-Rothian, debías de amarle mucho, ¿no?
-Sí.
-Y él a ti, ¿no?
-Sí.
-Tócate la cara.
-Déjame en paz. Estaba a punto de morir pero se podría haber salvado si no nos hubiéramos besado. Yo lo he matado.
-Rothian...
-Todo ha sido mi culpa, si no hubiera dejado que me besara seguiría vivo.
-Rothian.
-Por todos los dioses, Kitz, ¡¿qué?!
-Que te estoy mirando sin máscara y no me pasa nada. Tócate la cara.
Ella, sin saber qué sucede, se roza la mejilla izquierda y comienza a llorar. Su piel agrietada y muerta ha vuelto a su estado original. Vuelve a ser la hermosa princesa de pecas azules y, desconsolada, abraza a Flair. No sabe cómo, pero él la ha curado.
-Es hora de luchar, Princesa.
-Pero Flair...
-Deja su cuerpo aquí. Créeme, cuando todo acabe volveremos. Ahora debemos movernos.
Ella asiente pero justo antes de salir de esa sala se gira, recoge la máscara y se la pone. Kitz la mira curioso a lo que Rothian responde.
-Flair fue el único que me dijo que era hermosa cuando parecía un monstruo descarnado. No quiero que nadie que no sea él vea mi cara. Nunca más.

Sin más dilación, ambos corren por los estrechos pasillos de piedra de las mazmorras del Castillo.

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jueves, 8 de septiembre de 2016

Capítulos 102, 103, 104 y 105

Capítulo 102

Mientras Lyx negocia con la araña. Ishtral, Neldrey y Jake.

Se encuentran en una sala subterránea llena de aparatos de tortura antiguos, prohibidos y, aún así, utilizados por el Rey.
El sargento Blood fue el que opuso más resistencia por lo que fue el primero en ser golpeado y maltratado. Ahora está encadenado a una pared mohosa, semiinconsciente y sangrando por mil lugares. Las heridas abiertas no se cierran ni cesan de escocer, pues los soldados aplican sobre ellas una especie de sal que corroe la carne de alrededor. No obstante, pese al dolor inhumano, él no grita. Únicamente los mira con desprecio.
-¡No me toques!- grita Neldrey.
-Eres una traidora, has de pagar el precio.- dice uno de los oficiales.
-No te atrevas a golpearla...- la voz de Jake se alza cansada.
-¿Quién ha dicho nada de golpearla? Sería una pena estropear un rostro tan bonito. ¡desnudadla!
-¡NO! ¡Déjame asqueroso!
-¿Pero qué ven mis ojos? ¡Una puta con escrúpulos!
-Tú... te mataré si le haces algo.
-Oh, de acuerdo, entonces primero me ocuparé de ti. No te preocupes, no te mataré, quiero que veas como todos nosotros nos divertimos con tu querida amiga.
-¡Jake!
Lo encadenan a una columna de piedra y, con diabólico placer, comienza a fustigarlo con un látigo cubierto de espinas. Jake se traga los gritos de dolor. Ishtral no puede apenas respirar y Neldrey solloza mientras manos rudas y lascivas le arrancan la ropa.

Mientras Lyx negocia con la araña. Flair y Rothian.

-Drake, suelta a la Princesa. Ya no la necesitáis.
-Flair, ruega por tu propia vida. Yo no te he pedido nada.- dice Rothian, saboreando el veneno de sus palabras.
-Qué irónico. Te ordenan traer a la Princesa, te enamoras de ella y aún así la entregas a sus verdugos. Luego ni siquiera es útil, te traicionamos y tienes que ver como tu querida princesita muere odiándote. -El príncipe Drake ríe cruel.
-Eres estúpido. ¿Crees acaso que cualquiera de tus palabras nos afectan? Eres poco más que un niñato mimado y enclenque que ni siquiera sería capaz de usar su espada. Eres tan patético que me dan ganas de llorar.
Rothian, a pesar de guardarle rencor a Flair, odia cómo las palabras del príncipe lo están dañando así que comienza a insultarlo para llamar su atención.
-Vaya, el monstruo descarnado antes conocido como Princesa Rothian ha hablado. ¡Sí que soy capaz de manejar mi espada! En cambio tú, sin quitarte la máscara estás totalmente indefensa.
-Cierto. Es divertido lo valiente que eres ante una mujer que no puede defenderse. De verdad, me abruma tu poder. Ah, no, espera, son solo náuseas.
-Maldita zorra ya me he cansado de tu palabrería- dice mientras comienza a hacer pequeños arañazos con su espada en los tobillos de la chica-. Voy a ir subiendo hacia arriba y los cortes serán cada vez más profundos hasta llegar a tu cuello. ¿Querrás seguir hablando cuando te arranque la cabeza?
La joven se muerde la lengua para no gritar mientras escucha a Flair chillarle a Drake.
-¡Quieres vengarte de mí, Drake! ¡Aquí estoy! ¡Deja de torturarla!
-Te equivocas, querido amigo. Matarla a ella es acabar contigo.

Capítulo 103

Mientras tanto, en Arala

La Reina de Arala llega a su país, seguida por el dócil Shadow. En pocos minutos, todos sus consejeros se reúnen en los aposentos de Su Majestad.
-La guerra ha comenzado. Sé que el Rey de Pryon tiene presa a mi hija. He de salvarla.
-Majestad, con todos mis respetos pues soy su fiel servidor- dice un anciano cuyos bigotes verdes con canas le llegan por las pantorrillas-. No puede dejarse llevar por sus emociones. Obviamente, todos queremos salvar a la princesa Rothian, pero, ¿es una sola chica motivo suficiente para comenzar una guerra en la que morirán cientos de inocentes?
-Ya he reflexionado sobre eso. Puede que parezca un motivo personal, pero sé que antes o después esa guerra tendrá lugar pues Pryon busca un conflicto con Arala. Por ello, si estamos destinados a luchar, mejor ahora, que tengo posibilidades de salvar a mi hija y no esperar a recibir el cadáver de Rothian.
-Majestad- ahora habla una mujer de mediana edad sumamente fea con unas ojeras que parecen tatuadas-. Digamos que declaramos la guerra. ¿Cuál sería la estrategia a seguir? ¿Sabe usted algún punto débil del enemigo o su plan de ataque?
-Yo... La verdad es que no.
-Quizá cuando queramos atacar ya será demasiado tarde para la Princesa, en ese caso, ¿no es mejor pensar con calma?
-Menudos hipócritas- reprende a los anteriores consejeros un hombre de unos treinta años, atractivo, aunque con una voz demasiado aguda que no concuerda con su enorme cuerpo-. Os llamáis a vosotros mismos “fieles servidores” o “humildes súbditos” pero cuando vuestras vidas podrían verse en peligro, ya no seguís tan ciegamente a vuestra Reina. ¿Acaso no os importa la vida de la Princesa?
-Por supuesto que nos importa, pero una guerra traería muchas más muertes.-contesta el anciano del inmenso mostacho.
-Estamos aquí porque Su Majestad valora nuestra opinión y, aunque ésto vaya a sonar duro, ¿Por qué la vida de Rothian, por muy princesa que sea, vale más que la de el resto de aralios?- añade la mujer.
-No vale más.- dice la Reina lacónica.
-Pero, majestad, es su hija...
-¿Crees que no lo sé? Dioses, quizá ellos tengan razón. Si solo supiera la estrategia de Pryon podría organizar un ataque en el que las bajas se redujeran al mínimo.
-Manipulación.
La voz es la de Shadow, que gira a gatas alrededor de una de las patas de la mesa, con la mirada fija en el suelo.
-¿Qué?-quiere saber la Reina.
-Majestad, cuando Shadow estaba siguiendo sus órdenes, antes de ser siervo de la ama Rothian, tuve que hablar con algunos pryoranos. Todos tenían miedo. Y tartamudeaban unas veces. Y les temblaban las manos otras veces. Shadow les decía algo sobre el Rey y ellos corrían lejos de Shadow.
-¿Quieres decir que...?-dice la mujer de las ojeras.
-Shadow cree que si su Rey los aterra, ellos harán lo que su Rey les diga. Porque Shadow tiene miedo de ama Rothian y yo haría cualquier cosa que ella me dijera porque así ella no me castigaría, ni me haría daño. Porque Shadow bueno, Shadow fiel.
-Dioses... ese demonio quiere usar a su pueblo como escudo humano. Quiere enviarlos a una muerte segura para reservar a su ejército y así asegurarse la victoria...- deduce el anciano.
-Creo que la guerra comienza a ser un mal necesario.- dice el hombre.
-Shadow, gracias.- la voz de la Reina tiembla un poco.
-Shadow bueno, Shadow fiel.

Capítulo 104

Cuando la Reina acaba de hablar con sus consejeros

La Reina, tras haber hablado con los generales de su ejército, sale al enorme balcón que reta a la gravedad en la fachada de su hermoso Palacio.
Los ciudadanos, solemnes pues presienten que algo horrible está a punto de pasar, clavan sus ojos en la delgada pero imponente figura de su monarca.
-¡Aralios! Yo, como vuestra Reina, he de hablaros con franqueza. Una guerra va a comenzar. El enemigo, Pryon, ha secuestrado a la princesa y a otros jóvenes de nuestra preciada nación.
Un murmullo se extiende como la pólvora. Todas las bocas se abren liberando expresiones de miedo, desconcierto, venganza, ira, orgullo. Como el rugir de la marea, esas palabras van aumentando su volumen hasta que un estado similar a la locura generalizada se apodera del pequeño país formado por una sola ciudad.
-¡Aralios!
La Reina, imprimiendo en su voz un deje autoritario que asombra, acalla a su pueblo.
-Sé que tenéis miedo- continúa-. Sé que no sabéis por qué una guerra que podría acabar con muchas vidas en ambos bandos ha de librarse. Sé que la inseguridad y la confusión reinan en vosotros. Solo puedo deciros que me he visto obligada a llegar a esta situación. Asesinos de Pryon se han infiltrado en Arala y fueron los causantes del incidente durante el desfile en el cual un niño inocente perdió la vida por salvar la mía. La venganza nunca es el camino adecuado pero simplemente no puedo aguantar más ver cómo ese país intenta pisotear a mi gente. Además, como madre, mi corazón llora por el destino que le espera a mi pequeña allá abajo si no la salvo. Quizá pido demasiado y comprenderé que os neguéis, pero, desde el fondo de mi ser, os ruego que os unáis a mí. Que os alcéis contra el enemigo a mi lado para salvar a los nuestros, para defender el orgullo de Arala y para demostrar que nadie podrá vencer a un pueblo que lucha hombro con hombro. Ahora, mis queridos aralios, os suplico que no dejéis que el miedo os venza. Juntos eliminaremos cualquier amenaza. ¿¡Quién está conmigo!? ¿¡Quién va a acompañarme a luchar por nuestros hogares y familias?!
El eco de las últimas palabras de la Reina se va disipando en el aire. Una tensión eléctrica vibra en el ambiente. Todos asustados de abrir la boca miran hacia ningún punto en concreto, mareados por el discurso de su líder.
-¡Por la Reina! ¡Por nosotros! ¡Por Arala!
La voz de una niña revienta en el sol de mediodía. Todos giran sus cabezas hacia el tejado del que ha salido la voz. Allí hay una niña pequeña y sucia. De ojos enormes y cuerpo enclenque, que alza el puño hacia el cielo.
-¡Por la Reina! ¡Por nosotros! ¡Por Arala!
En todos los tejados hay niños de edades dispares con sus puños clamando venganza y orgullo. Con fuego en sus miradas y valor en sus palabras.
-¡Por la Reina! ¡Por nosotros! ¡Por Arala!
Todos los ciudadanos allí congregados elevan sus puños. Uniéndose al grito de guerra de aquellos jóvenes huérfanos. Entonces, Su Majestad une su brazo al sentimiento popular. La guerra comenzará y ellos ganarán. Nadie jamás podrá vencer a sus valientes conciudadanos.
-¡POR ARALA!
La voz de toda una nación estalla y suena invencible.

Capítulo 105

En Pryon. Ishtral, Jake y Neldrey.

El sargento se remueve débilmente e intenta luchar contra el dolor que serpentea a lo largo de su cuerpo. No es capaz de moverse, solo puede observar y escuchar, pero no ayudar. Durante unos instantes había perdido la conciencia y los guardias habían centrado su atención en los otros dos presos.
Ahora uno golpea a Jake que gruñe y escupe saliva ensangrentada. Sus gritos no son de dolor, sino insultos y maldiciones inconexas hacia sus torturadores. A veces la voz le falla y sus pulmones se quedan sin aire dándole un toque patético a su ajada figura que no deja de luchar.
En otro rincón de su cárcel, un guardia rubicundo, fortachón y con una cicatriz que le atraviesa el ojo izquierdo limitando su visión le está dando una paliza a Neldrey, que patalea y chilla. El soldado araña las ropas de la joven, dejando su cuerpo desnudo en contacto con la roca fría y húmeda. Otro hombre la agarra de los hombros inmovilizándola mientras el primero le abre las piernas. Ella grita y llora y escupe y pelea. En vano. La está violando y él ni siquiera puede moverse. Una arcada asciende por su esófago y lo hace moverse bruscamente de manera involuntaria provocándose un inmenso dolor.
-¡Sigues vivo! ¿¡Cuántas palizas tengo que darte para que mueras, asqueroso aralio?!
Y una lluvia de golpes empiezan a llegarle por todos lados. No obstante, su cuerpo ya ni los siente. Ya no le importan. Ahora su mente solo piensa en una forma de salvar a todos. A Jake. A Neldrey. A Rothian. A Lyx...
“No puedo morir” se dice a sí mismo para darse ánimos y no dejar que ese ingente número de hematomas, cortes, quemaduras y latigazos se lleven su último aliento.

Rothian y Flair

Las piernas de la chica están llenas de decenas de pequeños cortes poco profundos que no serían especialmente dolorosos si Drake no metiera las yemas de sus dedos en ellos, agrandándolos. La expresión de Rothian, bajo su máscara muestra un sufrimiento que no expresa con palabras. Solo el temblor de sus piernas y el sudor demuestran su estado. La risa sardónica del Príncipe taladra sus oídos y se imagina a sí misma clavándole una espada en la garganta y oyendo como se ahoga de manera que esa maldita risita se convierta en un gorjeo agónico.
-Vaya... Me impresionas Princesa... Eres terriblemente aburrida. ¿No vas a gritar ni un poquito? Bien, entonces...
Drake hace un corte más profundo en la parte externa del muslo izquierdo de la chica y, seguidamente, asesta un terrible puñetazo en ese mismo punto, restregando su mano sudada y sucia por la reciente herida. Rothian libera un chillido irreprimible.
-¿Ves? Sabía que eras capaz de gritar.
-Drake maldita sea, déjala.
-Tranquilo Flair. En cuanto acabe con ella frente a ti te mataré. No seas tan impaciente.
Flair libera un atroz gemido lleno de frustración. Es entonces cuando recuerda el día en el que venció a Drake usando una espada de madera.
-Sabía que eras despreciable y rencoroso, pero no que eras además un sádico.
-¿Cómo dices?
-Todavía sigues furioso por cómo te vencí cuando éramos niños. Eres un estúpido perdedor.
Rápido como el rayo, la espada manchada con la sangre de la princesa está apuntando al cuello de Flair.
“Creo que he dicho las palabras idóneas” piensa.
-Además de patético y perdedor, debí añadir “valiente”. Estás maltratando a una mujer y apuntando a un hombre indefenso. Supongo que estás demasiado asustado de mí. Tienes miedo de que en un duelo justo volviera a vencerte. Sigues siendo tan previsible como de pequeño.
-Flair, no sigas por ese camino. Puedo hacer que me supliques acabar contigo.
-Lo dudo. Solo eres un cobarde. No suplico ante gusanos que se cagan de miedo en los pantalones.
-¡Ya no somos niños! ¡Padre me ha tenido años entrenando mientras tú y tu hermana dejábais un rastro de mierda tras vosotros! ¡Jamás me podrás vencer de nuevo, Flair Maldow! ¡JAMÁS!
La voz del príncipe había ido subiendo de tono hasta no ser más que un chillido agudo muy poco varonil.
-Mejor rétame cuando tengas voz de hombre, niñato.
-¡TE MATARÉ BASTARDO ASQUEROSO!
Drake, hecho una fiera, alza la espada y asesta varios golpes acompañados por un grito ronco de Rothian.

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martes, 6 de septiembre de 2016

Capítulos 98, 99, 100 y 101

Capítulo 98

Antes del amanecer, en el prostíbulo.

Ishtral despierta de golpe, ha tenido una horrible pesadilla en la que le disparaban una flecha a Lyx. “Solo un sueño” se tranquiliza. De repente, todo vuelve a su cabeza. La misión. Se levanta aturdido pero enseguida se tropieza y cae. Una vez en el suelo observa qué es lo que le ha hecho perder el equilibrio: la pierna de Jake.
-¡Jake! ¡Despierta inútil! Espera, ¿Y Neldrey?
-Aquí.
La joven rubia entra en la sala con las ropas manchadas de sangre y los ojos rojos e hinchados de llorar.
-¿Qué sucede?- El tono solemne y autoritario del sargento es lo que la chica necesita. Debe afrontar la realidad: la madame ha muerto asesinada por una flecha. Le duele reconocerlo, pero sabe que ha sido su hermano. Jake despierta mientras el sargento Blood cubre el cadáver de la señora que los había acogido.
Una vez juntos y despiertos. Neldrey habla la primera:
-Creo que sé qué ha pasado y creedme que lo siento...
-Explícate.- insta Ishtral a la joven.
-Venga, Neldrey. Di la verdad.- el tono de Jake es más dulce pero aún así, duro y cortante.
-Flair y yo somos bastardos del Rey, como sabéis. El precio que pagamos para seguir vivos cuando nuestra madre murió fue que Flair se convirtiera en espía de Su Alteza. Poco a poco y gracias a su dominio del arco, ganó el reconocimiento del Rey. Entonces, el día que vuestra llegada a Pryon fue descubierta, el Rey mandó a Flair a por vosotros. Yo fui con él. Pensé que por mi profesión podría obtener información de alguno de vosotros.
-De mí.- dice Jake con tono amargo sintiéndose utilizado.
-Sí... ¡Pero cuando os conocí mejor le pedí a mi hermano que abandonara! Yo creí... creo en vosotros. Creo que podéis cambiar Pryon. Flair me dijo que abandonaría su misión...
-Al parecer no conoces a tu hermano tan bien como crees.- la voz de Ishtral suena desdeñosa.
-Lo siento...
-Bobo Real. Vamos al Castillo a por Rothian. Seguro que Lyx está cerca.
Jake está ignorando a propósito a la chica.
-Jake... Jake por favor debes escucharme.
-¿Para que me mientas y me sigas usando como fuente de información? No, gracias.
-Le pedí a mi hermano que dejara la misión por ti. Porque no quería decepcionarte. Eres la única persona que me ha tratado con respeto desde que nací. Te quiero...-la chica, agotada, rompe a llorar.
-Quisiera creerte, Neldrey. No sabes cuánto quiero creer en ti pero...
-Continuad con la charla luego, tenemos compañía.
La voz del sargento Blood alarma a la pareja. En cuestión de segundos se ven acorralados por soldados reales. Jake pelea como un animal salvaje. Haciendo uso de su fuerza bruta y de lo que Ishtral le ha enseñado. Éste, por su parte, ataca con todo lo que tiene. Lanza su pequeña daga con una maestría excepcional y usa su revólver como si se tratase de un quinto miembro de su cuerpo. Todo esfuerzo es inútil. A pesar de que entre ambos han dejado fuera de combate a un buen número de oficiales, éstos no paran de llegar.
Cuando canta el gallo, invocando al nuevo día, la Guardia de Pryon lleva como prisioneros a dos aralios y a una joven prostituta pryorana hacia el Castillo.

Capítulo 99

La mañana del arresto de los aralios. La Reina de Arala.

No puede creer lo que acaba de contarle Shadow. El Rey pryorano se ha excedido secuestrando a su hija, ocultándole el hecho de que sabía de la presencia de Rothian en La Capital y mostrándose tan cortés y educado, con unos modales tan perfectos como repulsivos. Sabe que, militarmente hablando, Pryon es una bestia irrefrenable. Toda la riqueza del país se destina al desarrollo armamentístico. Por otro lado, el Rey no solo quiere una guerra, sino que además está completamente seguro de su victoria. Eso significa que sabe que puede contar con el apoyo de sus súbditos, amasijos de carne y huesos con el cerebro contaminado por el miedo. Muñecos fácilmente manipulables. La Reina sabe que ella podría dar rienda suelta a su ira, estaría totalmente justificado, pero eso significaría destruir la paz que impera en su preciado país. Arala es una nación flotante, aislada del resto del mundo, lejos de sus garras. Su ejército, comparado con el de Pryon, parece ser de soldaditos de plomo. ¿Qué debe hacer? ¿Una guerra es el siguiente paso?
Mientras piensa en eso, deambula por la habitación con Shadow, acuclillado, mirándola fijamente.
-Oh Shadow, ojalá fueras el de antes. Podrías darme consejo. Nunca sabré qué te hizo mi hija para dejarte así y ni siquiera quiero saberlo... pero es mi niña... ¿Debo empezar una guerra que causará muchas muertes en ambos bandos solo por una chiquilla, por mucho que ésto me esté matando?
-Majestad, mi ama Rothian bajó al infierno para llevar la paz a ambos países. Puede que la guerra ya haya empezado hace tiempo, solo que nadie lo ha dicho aún en voz alta. Si usted no va a salvar a mi ama, yo iré. Shadow bueno, Shadow bueno. Así mi dueña me premiará y nunca nunca más me hará ver su... Oh, no puedo decirlo. Shadow bueno, Shadow fiel.
Mientras el esclavo de la princesa se arrastra hasta la puerta, la Reina alza la vista. Ha tomado una decisión.
-Espera Shadow, vamos a hablar con el Rey. Volvemos a casa.
-¡NO, SHADOW BUENO, SHADOW FIEL! ¡Shadow salvará a mi ama y señora y ella me dirá que he sido obediente y no me pegará y no me hará daño nunca más!
-No grites estúpido.- dice mientras golpea sin mucha fuerza la espalda encorvada del joven.
-Pero... Majestad, usted no me ordena. Mi única señora es la ama Rothian, yo debo...
-Voy a declararle la guerra a Pryon. Para ello, para salvar a mi hija, debemos estar dirigiendo al ejército. ¿Si es para salvar a tu ama me ayudarás?
-Shadow bueno, Shadow fiel.
Ambos, seguidos por la escolta real, salen dispuestos a despedirse cortésmente, sin causar problemas ni levantar sospechas. En cuanto lleguen a Arala se desatará el caos.

Tras la marcha de la Reina y de Shadow. El Rey de Pryon.

-Drake.
-¿Qué desea, padre?- pregunta su hijo, solícito.
-Prepara al ejército. No sé cuando sucederá, pero presiento que muy pronto se desatará la guerra que tanto buscábamos. Estoy seguro de que la Reina se ha marchado para organizar un ataque.
-Padre... ¿Por qué no ha acabado con la Reina mientras estaba aquí? Así podríamos haber conseguido Arala más rápido.
-¿Y qué tendría eso de divertido Drake?
-Con todos mis respetos, no me parece que ese sea un buen argumento.
-Drake, existe una especie de ley tácita; un acuerdo no escrito: los reyes son intocables siempre y cuando la guerra no esté declarada. Haberla asesinado aquí hubiera sido un acto cobarde hasta para mí, además, estaba escoltada por sus soldados. Lo mejor es conseguir que estalle el conflicto bélico, en ese momento tendré vía libre para acabar con la vida de esa mujer.
-Por supuesto.
-Ve Drake, haz lo que te he dicho.
-Pero, padre, ¿qué hago con la Princesa? Pensábamos torturarla y enviarla malherida a su hogar para que se convirtiera en el detonante de la batalla. Si ya no hace falta...
-Mátala. A ella y a sus amigos.
-Como ordene, padre... Pero...
-Sí, hijo mío, puedes divertirte con ellos antes de eliminarlos, en especial con ese iluso de Flair Maldow.
El Príncipe Drake se aleja con una sonrisa diabólica, una mueca que habría enorgullecido al propio Satanás.

Capítulo 100

Me despierto tiritando y con un dolor de cabeza infernal. Intento moverme, pero estoy encadenada a un enorme poste de hierro. Todo es oscuro, gélido y tenebroso. “¿Dónde estoy?, ¿por qué hace tanto frío?” pienso. Me recuesto con cuidado y siento un hormigueo hiriente en el costado y en la clavícula. Las heridas que me hizo el arquero se están curando poco a poco gracias al poder del arácnido que, ya no solo me persigue, sino que me posee. Ni siquiera tengo fuerzas para estar furiosa. “Me han atrapado, lo mejor será no malgastar energía en una rabieta inútil” me digo a mí misma tratando de controlar los temblores que azotan todo mi organismo.
El crujido de la pesada puerta de metal al abrirse permite entrar algo de luz. Ahora entiendo el por qué de ese frío atroz. Las paredes de mi cárcel son de hielo. Todo a mi alrededor es nieve y escarcha. Supongo que los que me han encerrado aquí lo han hecho con la intención de bajar mi temperatura corporal y que me resulte mucho más difícil usar el fuego. Odio admitirlo pero puede que incluso hayan acertado. Con todo mi ser entumecido y mi mente tartamudeando, poco puedo hacer.
La entrada en mi celda de alguien me hace alzar la vista. Aunque no puedo mover mi cuerpo por las cadenas, mis ojos lo dicen todo. El arquero que mató a Pete está frente a mí.
-Te mataré...- digo lentamente con la lengua congelada.
No me contesta. Me observa sin hablar.
-¡Di algo! ¡Sé que sabes quién soy!
Al cabo de varios minutos, con voz profunda, por fin se dirige a mí.
-Sí. Tu eres la aralia que me impidió llevar a cabo mi misión con éxito.
-¿Con éxito? ¿tu misión?- una risa amarga revienta en mi boca- Mataste a mi hermano. Asesinaste a un joven inocente, a un niño y tienes tan pocos escrúpulos como para decir que tu misión fracasó. Me das asco.
Enfatizo mi opinión sobre él escupiendo a sus pies aunque gotas de saliva salen disparadas y me mancho a mí misma.
-Lo que le sucedió a ese niño no fue mi culpa, él se interpuso entre la flecha y la Reina.
Habla con una indiferencia ante el sufrimiento ajeno que hace que mi congelada sangre empiece a hervir, como un fuego extinguido que se resiste a morir del todo.
-Eres el motivo de mi presencia aquí. He venido a matarte. Ahora, ¿qué vas a hacer conmigo?
Su expresión neutra no ha variado ni un ápice desde que entró.
-Eso es decisión de mi Rey.
Suena como una máquina cuyas palabras han sido programadas. No imprime emoción alguna en su voz. Un hombre vacío; el arma perfecta.
-Largo de aquí...- no reconozco mi propia voz.
Él, con un leve movimiento de cabeza, se gira pero, justo antes de dejarme sola, me vuelve a hablar:
-Por cierto, no sé si me está permitido decírtelo, pero puesto que lo más seguro es que Su Alteza me ordene matarte, puedes saberlo: ahora mismo, tus amigos están en este castillo. Están siendo torturados.
Una serie de gritos que no intentaban significar nada salen de mi boca. Solo quiero dejar salir todo el odio, tristeza, frustración y miedo por mis compañeros. Todas sus caras aparecen en mi mente. La última en la que pienso y la que se queda aferrada a mis párpados es la de Ishtral.
Vuelve a cerrar la puerta y me quedo sola. Ardiendo por dentro y congelada por fuera.

Capítulo 101

Intento mantenerme despierta pero el frío cada vez es más intenso. Los párpados me pesan más que cualquier puerta de metal. Sin poder evitarlo, el sueño me vence.
Todo está oscuro. Un silencio sepulcral impera a mi alrededor. Sé que no estoy en la cárcel de hielo pero tampoco sé dónde me encuentro.
-Hola, querida.- la araña, a mi imagen y semejanza, aparece ante mí.
-¿He muerto por congelación?
-No, solo estás inconsciente aunque si no haces algo pronto sí que vas a morir.
-¿Qué quieres que haga? No puedo moverme y tampoco utilizar el fuego.
-Tú no. Yo sí. Entrégate a mí y te prometo que te sacaré de aquí.
-Prefiero morir a verte ganar.
-Querida, eres una niña muy testaruda. Además, tus decisiones son pésimas. Si no escapas, ¿quién salvará a tus amigos? ¿No quieres ayudar a tu amado sargento?
-No hables de él.
-¿Por qué? No seas infantil. ¿Acaso ya no quieres vengarte? Pobre, pobre Pete. Su hermanita ya se ha cansado de pelear.
-Cierra la boca. Aún quiero vengarme de ese arquero.
-¡Genial! Déjame controlarte y te prometo que, antes de eliminar por completo tu conciencia y quedarme con tu cuerpo, mataré al asesino de tu hermano y salvaré a tus amigos. ¿Trato?
-¿Por qué no me posees directamente como cuando evitaste que bebiera el somnífero?
-Bueno, si tengo que luchar contra ti, me resta fuerzas. Solo quiero aunar nuestros poderes.
-Y de paso, devorarme. Si acepto no podré volver.
-No, no podrás. Serás mía, mi dulce niña. La pregunta es: ¿Valoras más tu propia vida o la de tus amigos? Piénsalo, aunque no por mucho tiempo o morirás de verdad sentenciando a muerte a tus seres queridos.
Su imagen va desapareciendo poco a poco. Sé lo que debo hacer, por mucho que me duela.
-¡Espera!
-¿Si, querida?
-¿Cómo sé que cuando acepte, no vas a huir y a dejar a mis amigos atrás? ¿cómo sé que vas a acabar con el arquero?
-Bueno, lo he prometido. No tienes ninguna otra seguridad aparte de ésa.
Suspiro. Supongo que sabía lo que iba a decir antes de preguntárselo.
-Tic, tac querida. Tic, tac.
-Acepto.
-Buena elección.

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jueves, 1 de septiembre de 2016

Capítulos 94, 95, 96 y 97

Capítulo 94

Me muerdo la lengua mientras observo con los ojos desorbitados cómo la madame cae moribunda al suelo. Quiero abrir la puerta pero sé que no es eso lo que aquella señora adicta al tabaco rojo quiere. Ella quiere que averigüe la verdadera naturaleza de aquel al que he llamado amigo tanto tiempo.
-¿¡Flair qué has hecho!? ¿¡Te has vuelto loco!?
-Vámonos, Rothian.
Bajo su máscara, la princesa se traga un sollozo y arruga su deformada nariz.
-¿Quién eres? No te reconozco. Tú no serías capaz de matar a sangre fría a la mujer que nos ha ayudado y nos ha dado cobijo.
-He dicho que nos vamos, princesa.- Él agarra la muñeca izquierda de la chica que forcejea dejando escapar un pequeño grito.
-Flair, suéltame, me haces daño.
-¿Acaso ya no me amas? Chica desagradecida y estúpida. ¿Crees en serio que sería capaz de querer a un monstruo descarnado como tú? Eres patética.
-Soy patética. Es cierto. Pero jamás un ser sin corazón. Un recipiente vacío y nauseabundo como tú.
-Oh, qué tiernas palabras de enamorada, princesa. Haces que mi corazón se acelere. Ahora, ¿qué tal si nos vamos de luna de miel al Castillo de Su Alteza, “mi amor”?
Creo, o quiero creer, que no siente lo que dice, que por algún motivo que no alcanzo a comprender, quiere que ella lo odie.
Al oír esa expresión viciada, Rothian intenta quitarse la máscara pero Flair araña su cuello de cisne, pálido, con una de sus flechas, provocando que la sangre de la joven coloree su piel.
-Ni te atrevas, bruja.
-Te odio, Flair Maldow. Nunca te perdonaré.- las palabras de ella destilan el peor de los venenos, el mismo que corre por mis venas, el deseo de venganza.
Él, al contrario de lo que usualmente hace, que es responder de manera ingeniosa, sarcástica e hiriente, asiente abatido por una oleada de dolor.
-Lo sé, Rothian. Lo sé...
Su voz va disminuyendo hasta apenas ser audible. No sé por qué, pero tengo ganas de llorar. Es como si acabara de presenciar una tragedia clásica. Dos amantes predestinados, separados por una traición imperdonable. Decididos a matarse el uno al otro y, a la vez, a amarse eternamente.

Capítulo 95

Los veo salir del salón en el que yace la dueña del prostíbulo. Espero inmóvil unos minutos.
-Si te quedas ahí mucho más vas a perderlos, jovencita.- La voz en mi cabeza de la araña actúa como un resorte haciendo que abra la puerta de golpe.
Al salir, la madame gira lentamente su cabeza y me mira inexpresiva. Me acerco rápidamente a ella.
-No se preocupe, voy a buscar algo... He de llamar a alguien... No se muera... Por favor, por Neldrey...-suplico.
-Esta juventud... Nunca sabéis cuando soltar aquello a lo que os aferráis, ¿eh?-una risita interrumpida por una tos estertórea azota su cuerpo-. Lyx... todos tenemos que morir, no es nada por lo que apenarse. Además, vaya a donde vaya no será peor que esta ciudad. Lo único que lamento es no poder despedirme de mi niña de cabellos de oro y ojos gatunos... dile a Neldrey que siempre la he querido como a una hija y que más le vale salir de aquí sana y salva. ¿Le prometes eso a esta pobre anciana moribunda?
Asiento mordiéndome el labio inferior y moqueando. No quiero que lo último que vea sea a mí llorando. Ella acaricia mi cabello manchándolo de sangre y se va. Su mano cae al suelo como un árbol talado. Simplemente ya no está. Acaricio su rostro inerte, me levanto con los ojos en llamas y lágrimas que se evaporan en mis mejillas. Una nube de cenizas baila alrededor de mí.
“Vamos, querida. Es hora de que demuestres lo que he hecho de ti”. Absorbo la ira y el fuego que empezaba a fluir de mis dedos. Salgo rápida y con un sigilo sobrehumano. Salgo a la calle. Alzo la cabeza y salto. Una vez en los tejados, me siento la Reina. La Reina de los bajos fondos de Arala, lista para luchar y conquistar. Lista para ganar sea cual sea el obstáculo a eliminar. Una ráfaga de aire cálido vibra a mi alrededor. Como si hubiera recorrido esas calles mil veces, corro por entre azoteas en ruinas. Sé el camino. Sé dónde están Flair y Rothian. Tras pocos minutos de carrera alocada, los encuentro. El joven parece sentir mi presencia y alza la vista pero me escondo tras una chimenea. Los ojos me arden. Las manos me queman. “Poco a poco, querida”. Asiento.

Los persigo y veo cómo, justo a medianoche, Flair pasa empujando a la princesa a través de la muralla que separa el pueblo llano de la nobleza. Observo desde un tejado cómo pasan sin ningún esfuerzo. Seguro que el Rey ha ordenado a los guardias dejarlos pasar. Bien, mi turno.
“Esta vez no te contengas, Lyx. Son ellos o tú. Mátalos.”
Me sitúo ante dos guardias que acaban de ponerse junto a la muralla.
-¿Quién eres tú?
No contesto. Solo alzo las manos hacia ellos y visualizo su sangre hirviendo. Cada vez a más temperatura, como un río de lava irrefrenable. Más calor. Más. Más. Más. Con un ruido sordo y sin emitir un solo quejido, los dos guardias caen deshechos ante mí y ni siquiera bajo la vista al pasar por encima de ellos.

Capítulo 96

Paso una hora siguiéndolos. Observo con asco la diferencia entre ambos estratos. Aquí no hay una sola casa en ruinas. Las calles, impolutas y las gentes, durmiendo en mullidas camas tapados con terciopelos. Música trasnochada se escapa de bares acompañada de risas de gente alegre. Veo a varios cocineros lanzar restos de comida a perros más limpios que los ciudadanos del nivel anterior. No hay una sola rata o cucaracha. Todo brilla y reluce bajo las luces de neón que alumbran las calles. La opulencia que este lugar rebosa abruma tanto o más que la pobreza y miseria del pueblo llano. Les odio a todos. Odio este país corrupto, al tirano que lo gobierna y a los nobles hipócritas que fingen ser de una especie superior ajena, mejor dicho, inmune al sufrimiento. Detesto a estas gentes sumisas que simplemente agachan sus cabezas mientras les pisotean el cuello, al arquero que asesinó a mi hermano y a Flair, el traidor que va a vendernos llevándose como rehén el último rastro de bondad que había en el corazón de la princesa.
“Ese odio te consumirá y te entregará por completo a mí, querida. Lo sabes, ¿no?”
-Sí, pero antes conseguiré mi venganza.
De nuevo les toca pasar la Muralla y, al igual que antes, misteriosamente los guardias que la custodian se desvanecen como por arte de magia dejando entrar a Flair y a Rothian, que forcejea a pesar de que el joven le tapa la boca y la empuja.
Ya han atravesado el muro plateado en el que duerme pacíficamente el diablo que rige este país de esclavos.
Observo agazapada a los soldados reales que se apostan junto al enorme portón de la Muralla. Cuento diez.
-Buenas noches, oficiales.
-Tú no perteneces a este estrato mujerzuela- dice mirando mis ropas-. Vuelve a la cloaca de la que has salido o...
-¿O qué...? ¿Vas a atacarme? No me hagas reír.
Aprieto los puños y una espesa nube de cenizas empieza a arremolinarse a mi alrededor. Los dedos chisporrotean y un reconfortante calor se asienta en mi pecho. Los soldados asen con fuerza sus armas pero quedan cegados y tosen. Oculta por la niebla gris que he creado me arrastro y poso mi mano ardiendo sobre la espalda de uno de los soldados, dejando marcada su carne. Cae inconsciente de dolor. Comienzo a reír. Mis carcajadas suenan crueles y frías. Salto y, en el aire, envuelvo mi pierna derecha en lenguas de fuego. Propino una fortísima patada en el estómago de otro guardia haciendo que vomite sus propias entrañas. “Asqueroso” pienso sin sentir el más leve remordimiento. Vuelvo a batir mis manos para aunar más humo a mi alrededor cuando siento el metal atravesar mi costado arrancándome un alarido. La humareda se disipa tan rápido como se había formado. Estoy sangrando y cada respiración es el mayor de los suplicios. Caigo de rodillas y me arranco la flecha del cuerpo.
“Flair...” pienso. No obstante, cuando alzo la cabeza no es la figura del joven la que veo. Es él. El arquero que asesinó a Pete. Me levanto hecha un basilisco y un torbellino de llamas me rodea. Salto hacia el tejado dispuesta a acabar con él. Saboreando con antelación cómo será sentir su sangre entre mis dedos y ver el terror dibujado en sus ojos. Soy como un sol en medio de la noche. Poderosa y salvaje. Sin embargo él ni se inmuta. Eleva una especie de ballesta ante mí, apunta y dispara rozándome justo en las heridas que me hizo la araña en el cuello y la clavícula. Un dolor indescriptible devora mi ser y elimina el fuego. Oigo la voz del arácnido aullar y uno mi voz a su lamento. Soy patética, como un pájaro que se acerca demasiado al sol y se quema. Caigo al suelo con la misma fuerza con la que salté. El arquero baja de su atalaya y se arrodilla a mi lado. Los nervios de mis brazos me gritan que reaccione. Que ataque al objeto de mi venganza. Ojalá pudiera, mi cerebro se está apagando y cada célula de mi cuerpo está exhausta por el modo en el que he usado mis poderes. Justo antes de rendirme a la oscuridad que se cierne sobre mí, veo como el arquero me coge del pelo y me levanta tirando de él para mirar mi rostro sucio.
-Tú...

Capítulo 97

Mientras Lyx pelea con los soldados. Shadow.

-Sí, siento su presencia. Rothian, mi ama y señora, se acerca. Oh ama Rothian. ¿Viene usted a llevarme? No me pegue, ni me muestre su rostro. Shadow bueno, Shadow bueno. Hice lo que usted me ordenó. No me haga daño. Shadow bueno. Sí, ama Rothian, la siento por allí. Si los soldados me descubren me ejecutarán pero preferiría mil ejecuciones a que usted me enseñe su... Shadow bueno, Shadow bueno. Voy con usted, mi ama y señora. Solo no me torture. Shadow bueno, Shadow fiel.
El aralio sale andando a cuatro patas, babeando como un perro pero con resolución en su mirada. En sus movimientos se puede recordar al que un día fue el mejor espía de Arala: una sombra más en la noche. Ahora va a buscar a la princesa, como un animal sumiso, corriendo por los largos pasillos del palacio.

Mientras Lyx pelea con los soldados. Flair y Rothian.

-¡Deja de revolverte, Princesa! Solo harás las cosas más difíciles.
-Jamás dejaré de pelear. Ojalá mueras Flair y ojalá sea yo quien acabe con tu miserable existencia.
El joven aprieta la mandíbula y guarda silencio. Están penetrando por las defensas de la Muralla de Su Alteza. Su misión era llevar a Rothian al jardín trasero del Castillo. Pronto estarán allí y él y su hermana serán libres. Aún así le duele tanto el corazón... Lo siente deshecho, pisoteado, triturado. Tiene ganas de abrazar a la joven y decirle que lo siente y que todo ha sido una pesadilla. Que no va a entregarla a una muerte segura. Se aborrece pero... pero...
-Cómo pude enamorarme de ti. Fui tan estúpida y tan ingenua. No volveré a abrirle mi corazón a nadie.
-Por favor Rothian...
-Ah sí, olvidé que van a asesinarme. Literalmente no voy a volver a enamorarme porque estaré muerta. Ojalá alguien te traicione como tú a mí y sufras lo que estoy sufriendo yo.
-¿¡Crees que yo no estoy sufriendo estúpida princesa!?-Flair, harto de escuchar las maldiciones de la chica, la coge por los hombros y, tras gritar esa frase le arranca la máscara y la besa a pesar de sentir como si cientos de agujas se le clavaran en los labios. Se separan y la mira a los ojos. Las pupilas de ella muestran tanto; hay amor y una leve esperanza, pero sobre todo una decepción abrumadora. Le vuelve a poner la máscara.
-Lo siento...- susurra con voz ronca.
-¿Qué sientes? ¿besarme o haberte enamorado de la persona que debes vender?
No contesta. No le da tiempo. Se ven rodeados de docenas de soldados que esposan las manos de la Princesa. Abriéndose paso entre todos ellos, el Príncipe Drake aparece.
-Buenas noches Flair, ¿qué tal el paseo nocturno?, ¿romántico?
-Príncipe Drake.- dice el joven entre dientes y arrodillándose. Se nota la hostilidad entre ambos hombres a pesar de la cortesía.
-¿Así que ésta es la Princesa Rothian? He oído hablar de su belleza sin igual. Lástima que ahora sea un puñado de carne podrida.
-¿Quiere ver a este puñado de carne? Quíteme la máscara y riámonos juntos, Príncipe.
-Oh, cuánto lamento rechazar su oferta, pero Flair ya me ha avisado de sus extraños poderes. ¡Guardias! ¡lleváoslos!
Otros soldados toman preso a Flair.
-¡¿Qué significa ésto!? ¡Tu padre me prometió que si entregaba a la Princesa me ofrecería mi libertad y la de mi hermana! ¡Soltadme!
-¿Promesa? Lo siento, Flair, amigo mío, yo no recuerdo ninguna promesa.
-¡Maldita sea Drake!
-Duele que te apuñalen por la espalda, ¿verdad?- el tono sarcástico de Rothian le duele mucho más a Flair que cualquier traición.
Mientras el Príncipe sonríe triunfante, los soldados se los llevan a los calabozos. Lo que ninguno sabe es que desde una de las ventanas, una sombra observa.
-No se preocupe, ama Rothian. Shadow la salvará. Shadow bueno, Shadow fiel.- susurra mientras se encamina hacia el cuarto de la Reina de Arala.

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lunes, 29 de agosto de 2016

Capítulos 90, 91, 92 y 93

Capítulo 90

Mientras Rothian y Flair están fuera, Neldrey vuelve con un cliente asignado. Un hombre de unos cincuenta años, asquerosamente rico y horriblemente odioso.
-Mi príncipe azul...- dice ella mostrando una ficha en la que aparece una foto y el nombre de su “cita”-. Siempre imaginé que tendría más pelo en la cabeza que en la espalda pero bueno, nadie es perfecto.
Sonrío sin poder evitarlo. Así es ella, incluso en momentos tensos sabe darle la vuelta a la situación y hacer un comentario sarcástico. A veces puede resultar incluso cruel y lo sabe, pero le encanta.
Al parecer, la madame ni siquiera le ha preguntado sobre su repentina “vuelta al trabajo”. Solo la ha mirado fijamente y, lanzando un suspiro de exasperación, le ha entregado los datos de un noble y le ha dicho que se verían en el hostal “Luna Negra”, en el segundo nivel de la ciudad, el estrato de la aristocracia.
Cuando llega la pareja formada por la princesa y el joven, Neldrey ya había conseguido unos trajes muy sugerentes para nosotras y una especie de pantalones demasiado ajustados en ciertas zonas para ellos. Está decidida a disfrazarnos bien.

A media tarde, cuando ya lo tenemos todo bien planeado, Flair sale con una sonrisa traviesa para volver al rato con una botella de licor de frutas.
-Lo he robado. Si vamos a arriesgarnos tanto esta noche, al menos quiero disfrutar de un brindis con mis amigos.
-No sé si beber alcohol antes de una misión tan importante...- responde Ishtral con su usual tono recto y serio.
-Oh vamos, Bobo Real, un poco de licor no nos va a hacer daño- le contesta Jake.
Yo río y rozo el hombro del sargento mientras asiento. Al fin, acepta y Flair sirve la bebida en nuestras copas. Cruza con Rothian una mirada cómplice que no entiendo muy bien.
-Solo... Solo quiero decir que ha sido un placer conoceros y que jamás os olvidaré pase lo que pase esta noche-dice Flair con una mirada triste en sus hermosos ojos oscuros.
-Oh, qué adorable, mi hermanito se ha puesto melodramático- añade la chica rubia.
Todos reímos en un extraño momento de felicidad. La calma antes de la tormenta, supongo.
Alzamos las copas y...
“Ni se te ocurra beber, querida.”

Capítulo 91

El licor se escurre por mi barbilla en un movimiento involuntario de mi muñeca. No puedo controlar mi cuerpo y antes de que nadie se de cuenta me limpio los restos de la pegajosa bebida. Todos salvo yo han disfrutado del delicioso sabor y no puedo decir ni una sola palabra. Otra persona controla mi lengua, que se siente áspera, grande y extraña en mi boca.
“Cierra tu preciosa boquita y déjame hablar a mí”.
¿Por qué? Pensé que por fin había aprendido a controlar a ese maldito arácnido que juega con mi mente. ¿Por qué se despierta ahora? ¿Qué pretende? No lo sé, pero no puedo recuperar el control. Mi conciencia se ve desplazada a una cárcel dentro de mi cerebro. Mi voz se acalla y otra yo emerge para usar mis huesos y mis músculos. Otra Lyx se esconde tras mis ojos y maneja mi cuerpo a su voluntad.
-¿Qué? ¿Os gusta el sabor? Creo que el licor de fruta es lo único que me gusta de esta ciudad.
La voz de Flair me hace alzar la barbilla y la otra Lyx dibuja una sonrisa arrogante mientras, con voz dulzona y grave, dice lentamente: “delicioso”.
Ishtral me mira y yo intento que descubra que no soy yo, que es la araña. Mi conciencia adormilada grita para recuperar mi cuerpo. Entonces, siento como mis labios se unen y desaparecen. Se me ha borrado la boca, ha desaparecido en mi cara. El sargento se encoge sutilmente de hombros y desvía la mirada.
“Estúpido” pienso. Oigo a los demás hablar y cierro los ojos mientras otra versión de mí maneja mi cuerpo.
Cuando los abro, me veo a mí misma. Corrección: a la otra Lyx.
-Hola querida, ¿qué tal?- dice con mi voz aunque arrastrando las palabras de una forma casi seductora.
Ella chasquea sus largos dedos y mi boca vuelve a surgir en mi cara.
-Devuélveme mi cuerpo. ¿Qué quieres hacer conmigo?
-Salvarte, tontita.
-Oh claro, muchas gracias, había olvidado que poseerme, intentar matarme, utilizarme y hacer que me odie es tu forma de demostrar cariño.
Ella me mira y sonríe. Se acerca a mí, que no puedo mover mi cuerpo ni un milímetro, contoneando sus caderas.
-Parece que ya lo vas entendiendo. Por cierto, me encanta tu cuerpo. Ser una anciana tiene sus limitaciones, ¿sabes?
-Devuélvemelo. Es una orden.
Una risotada ensordecedora sale de su boca.
-¿Una orden? Qué niña más divertida. Mira, explicártelo ahora es una estupidez. Solo espera, dentro de unos minutos entenderás por qué he tomado el control.
-¿Qué voy a comprender?
-Que jamás debes confiar en nadie. Ni en tus amigos. Solo puedes confiar en mí.
-Vale, ahora sí que te has vuelto loca del todo.
-¿Eso crees? Esperemos media hora, querida.
Con un mohín elegante se gira alejándose de mí. Otra vez la boca se me hunde en la piel y quedo reducida al resto de una conciencia muda. Una espectadora inútil. Sin voz ni voto.

Capítulo 92

Todos han ido a ponerse las ropas que trajo Neldrey. Yo puedo ver lo que pasa a través de los ojos que “la otra” me ha robado.
“Que comience el juego”. Su voz resuena en mí y veo como la impostora cierra los párpados y se tira al suelo.
“¿¡Qué haces!?” pienso totalmente perdida.
“Shhh es hora de que las niñas buenas se vayan a dormir”.
Es lo único que me contesta. Silencio. Silencio y una abrumadora oscuridad.
Lágrimas de frustración me queman las retinas. Entonces, siento como unas delicadas pero fuertes manos me alzan como si fuera un cadáver y me depositan en el suelo alfombrado. Siento cerca de mí a Ishtral, Jake y Neldrey. Lo sé sin siquiera abrir los ojos. Simplemente estoy segura de ello.
-¿Preparada?- la voz de Flair llega hasta mis oídos.
-Sí.
Es Rothian. ¿Qué ocurre?
-Flair, ¿solo están dormidos verdad?
-Claro, no te preocupes. Cuando despierten, tú y yo estaremos entrando al Castillo y Neldrey ya no tendrá tiempo para acudir a su “cita” con aquel cerdo adinerado. No tendrán más remedio que esperar.
-Vale...
-Rothian, mi amor, confía en mí.
-Eso hago. Venga, no perdamos más tiempo.
¿Qué significa lo que estoy oyendo? ¿Nos han drogado? ¿Por qué? Oh, ahora entiendo por qué esa araña no me dejó beber. El somnífero estaba en el licor.
“Exacto, querida. ¿Lo entiendes? Tus amigos os han traicionado y yo te he protegido.”
Guardo silencio. Ahora mismo tengo ganas de abalanzarme contra Flair y de golpear a ambos hasta que me expliquen qué están tramando. La única razón por la que mantengo la compostura y no me muevo es porque “la otra” controla mi cuerpo.
Oigo cómo la puerta araña las alfombras al abrirse. Luego vuelvo a oírla cerrarse.
“Bien, mi dulce niña, te devuelvo tu cuerpo. Sería una egoísta si jugara yo todo el rato. Ahora te toca a ti divertirte.”
De repente, todos mis músculos se relajan y siento la sangre fluir como una inmensa avalancha por mi cuerpo. He recuperado el control; no, es ella quien ha decidido devolvérmelo. No he de olvidar eso. Creía que la dominaba y no es así. Bien es cierto que necesito librarme de ella, pero ahora me ha salvado y de alguna extraña forma, sé que si necesito su poder me lo brindará. “Dioses... ¿Acaso he llegado al punto de confiar en mi peor enemigo?” pienso. La respuesta, por mucho que me aterrorice, no puede ser otra: sí.

Capítulo 93

Abro los ojos y me levanto con sigilo. Mis pasos no hacen ningún ruido gracias a las alfombras que tapizan el suelo de madera. Un débil halo de luz rojiza penetra por un agujero de la puerta. Respiro débilmente, como si me diera miedo. Me apoyo en la puerta y observo a través de esa oquedad. Flair y Rothian están quietos mirando fijamente a alguien.
-Vaya, vaya, vaya... Mis queridos huéspedes- La voz ronca de la madame suena calmada y sabia-, ¿no tenía Neldrey trabajo? Además cogió trajes para todos vosotros. Si no os dais prisa llegaréis tarde.
-Apártate de la puerta, madame.
Flair habla con un tono aterrador y levemente contaminado por un deje de impaciencia. Veo cómo Rothian mira al joven un tanto extrañada y luego gira su rostro enmascarado hacia la dueña del prostíbulo.
-Por favor, no puedo decirle nada, señora, pero le prometo que nuestros compañeros están bien. Están durmiendo plácidamente ahí dentro. Lo único que pretendemos es salvarlos a ellos, a usted, a todos...
Ella, sumamente calmada y fría como el hielo, camina hacia ellos con su anciano cuerpo encorsetado y apestando a colonia barata. Toma un puro de su mesa, lo enciende y al soltar una bocanada de humo rojo sangre, mira hacia la puerta tras la que me escondo. No, me mira a mí. Directamente a los ojos. Es como si me obligara a estar atenta.
-Permíteme que dude, jovencita. Soy ya demasiado mayor como para creerme todos los buenos propósitos de la juventud.
-Pero...
-No he acabado de hablar, chiquilla maleducada.- dice mirando de manera despiadada a la princesa.
-Lo repetiré por última vez, madame. Déjanos ir sin hacer preguntas. Es lo mejor para todos.
-¿Me amenazas, pequeño traidor?- ante la palabra “traidor”, Flair tensa los músculos del brazo y lo introduce dentro de su capa- Oh vamos, Flair, ya nos conocemos demasiado bien. He tratado con borrachos maltratadores, asesinos, violadores, ladrones y todo tipo de gente sin corazón. Jamás les temí. En cambio tú... Tú eres peor. Mientras tu hermana vendía su cuerpo, tú vendías tu alma.
-Silencio...- susurra Flair. Rothian se mantiene callada, sin saber qué decir.
-No eres más que un niño asustado que juega con unas marionetas cuyos hilos no sabes manejar.
-Cállate.
-Patético. Tu madre se avergonzaría. Ella nunca vendió a sus...
-¡FLAIR NO!
La voz de Rothian se pierde entre los gorjeos sanguinolentos de la madame. Tiene una flecha clavada en el estómago.
-Niño del demonio...

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