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lunes, 6 de agosto de 2018

El día más frío

Lo recuerdo como si estuviera pasando en este mismo instante.
Era el día más frío del año,
las rosas murieron bajo el aliento invernal.
Los pájaros enmudecieron, siendo sus gargantas hielo,
escarcha.
Una blancura deslumbrante,
pura,
reinó y el mundo se doblegó ante un rey de ojos gélidos.
Sí, lo recuerdo.
Sentí como el frío me mordía las entrañas,
como si mil grietas atravesasen mi pecho,
lacerando la carne y desgarrando mis venas.
Aquel día desaparecista con la ventisca,
dejando retazos de lo que fue y ya no volverá.
De lo que pudo ser pero el destino caprichoso,
de sonrisa afilada,
se llevó sin piedad.
Sí, recuerdo el sentimiento de asfixia,
de desdibujarme en un río helado,
de alzar la mano que ya no era piel sino un grito mudo de ayuda que nadie iba a oír.
De morir bajo una avalancha que me presionaba el pecho
hasta parar las agujas de mi corazón.
Y el miedo,
el pánico a que mi mundo se derrumbara,
a caer y caer y nunca tocar fondo.
Me aterraba perderte, perderme.
Temía que mis pupilas se tornasen agujeros negros que devorasen todo a su paso hasta desaparecer.
Implosionar en un mar de estrellas demasiado brillantes.
Hacía demasiado frío,
los huesos se me helaron,
las palabras se me congelaron en la lengua.
Hacía demasiado frío,
mis latidos se saltaron varios segundos,
el aire me arañó los pulmones.
Lo recuerdo como si estuviera pasando en este mismo instante;
recuerdo el día más frío del año,
el día más frío...

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